Llama y gana: un premio al esfuerzo

Sehandadocuentaquelosanimadoresdelosprogramasdeconcursoshablancomosinopararanjamás. No crean que me olvidé de la tecla del espacio o que me volví tonto; así me siento cuando veo al menos 5 minutos de esos programas conocidos como los “Llama y gana”.


El fin de semana me encontraba haciendo zapping a eso de las 3 de la tarde, encontrando en UCV TV un ejemplar de este tipo y, digámoslo, cuando ves letras desordenadas en la pantalla o los típicos palitos de fósforo para armar el número más alto es inevitable no intentar resolverlo en el menor tiempo posible. La verdad es que caí y desafié mis habilidades para resolver la incógnita del juego que, por lo demás, suelen ser extremadamente simples. El tema es que, mientras intentaba hallar la solución correcta, la voz de la animadora se hacía cada vez más fuerte en mi cabeza, como una bocina en plena hora del taco, lo que provocó cierto enfado en mi persona.

Ya me daba lo mismo el juego, el premio ya pasaba a segundo plano… esa voz era insoportable. Nunca entendí como esa mujer lograba respirar, era como una máquina de casino que escupía monedas cuando te ganas el premio gordo. Fue tanta mi molestia que lo primero que hice fue tomar mi control remoto y cambiar el canal, pero un pensamiento me detuvo: para animar un programa de esa clase, tienes que tener mucha personalidad. Imagínate estar hablando solo por más de 2 horas (promedio que duran esos shows); súmale que tienes que estar con un entusiasmo exacerbado para transmitirle ánimo al espectador y así mande el sms. Si a eso le agregas todas las emisiones semanales y mensuales, es como para darles un premio al esfuerzo.

La mayoría de la gente, quizás, le puede parecer un trabajo simple y sencillo: que tanto va a costar hablar sin sentido alguno frente a una cámara por largo rato. En mi opinión, el trabajo que hacen es valorable porque el desgaste debe ser harto. Digamos que el contenido no es un gran aporte al fin educativo que debe tener la televisión ni, mucho menos, ser considerado como “programa del año” por el CNTV ni ningún concurso de votación popular, pero es un trabajo que pocos quieren hacer y que, aquellos que lo realizan, no son considerados ni rostros ni ejemplos a seguir. Es por eso que les doy mis respetos a los que se ganan la vida trabajando hasta altas horas de la madrugada o pierden tiempo en sus tardes esperando las soluciones a sus disyuntivas, pero no les cuesta nada respirar y dejar que el usuario digiera un poco lo que ve. Quizás, así lograrán estar en horario prime…no, en verdad siempre seguirán antes del cierre del canal.