"Manos al fuego", los infieles en su propia trampa

El chileno promedio se caracteriza por ser copuchento, le gusta estar metido en la vida de otros. Ese placer voyerista y morboso, las ganas de reírse en la cara del que está a tu lado y decir “no, yo jamás haría eso”.  Bueno, el programa de CHV logró dar con el clavo en ese sentido: otorgarle al público lo que quería…carne fresca para comentar al otro día en el trabajo o en la universidad.

Es que “Manos al fuego” tiene la primera sintonía los días miércoles en horario prime, logró revivir de las sombras televisivas a Eva Gómez, quien estaba a punto de ponerle un gran stop a su carrera en la pantalla chica tras decirle adiós al Festival De Viña y tener uno que otro proyecto pequeño en el canal. Además, el programa de infieles tiene una línea similar a los programas de farándula, sólo que está vez los personajes son desconocidos, donde figuran distintos estereotipos sociales, como el “chico lindo, pero infiel”, “la mina p*ta”, “el macabeo”, entre otros. Si los programas como SAV oSQP tenían alta sintonía por el interés mal sano de saber con quién se metió la X modelo o el tal futbolista, “Manos al fuego” hace lo mismo, pero con gente común y silvestre. Si a eso le sumamos que se muestra el castigo de la víctima amorosa, es decir, cachetadas dolorosas, golpes varios y hasta patadas voladoras, es una fórmula perfecta para conseguir rating.
Si lo analizamos en comparación a la competencia, el estelar del ex canal de Piñera es muy parecido al formato de “En su propia trampa”, el programa justiciero de Canal 13. La simulación de situaciones, la participación de actores y la búsqueda de justicia y juicio social hacen que estos dos programas exitosos en la TV chilena sean muy parecidos. “Manos al fuego” es como el programa del Tío Emilio, pero que en vez de castigar a ladrones o estafadores lo hace con infieles y “pone-cuernos”. 
Además, en ambos casos, la repercusión que tienen sus capítulos en redes sociales es símbolo del impacto colectivo y el interés de la audiencia por seguir riéndose de las tonterías y desgracias ajenas. Por ejemplo, la generación de memes, los hashtag en Twitter y los comentarios en Facebook fomentan la descalificación social y la generación de estereotipos, como ocurrió con la joven Rocío quien se había involucrado no sólo con el modelo del programa, sino también con el mejor amigo de su pololo. De ser una alumna de kinesiología cualquiera, pasó a ser la niña símbolo de las mujeres sueltas.

Es así como “Manos al fuego” se transformó en el caballito de batalla semanal de CHV. El programa que logró salvar la parrilla prime del canal, el cual iba en baja en lo que a rating se refiere. El equipo editor logró identificar el punto débil de la audiencia: el cahuín. Al tener claro esto, sólo le dio lo que pedían a gritos y eso se refleja en los puntos de rating, sin pensar en los estigmas sociales o descalificaciones que se pueden generar, aunque (no nos tapemos los ojos)… el programa es muy divertido y, al menos yo, me mato de la risa viéndolo. Todos atentos, porque si una mujer se te insinúa más de la cuenta o un modelo argentino se te acerca cuando con suerte te hablaba tu papá, es mejor que mires para al lado y preguntes “¿dónde está la camarita?” porque alguien se puede estar riendo de ti en ese momento.

Nos gusta la televisión. Amamos, comemos, rezamos y, ademas, vemos televisión. Canales nacionales, series internacionales, criticar, alabar... y ver televisión.

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