Hace algunas noches atrás estaba desvelado y me puse a ver Disney Channel. Lo sé, es raro que a mi edad esté viendo programas para niños y pre adolescentes, pero tenía sueño y pensé que con eso me dormiría como un inocente bebé. En ese momento estaban dando  “Jessie”, una serie sobre una niñera que cuida a 4 niños ricachones que le dan problemas. Igual me reí con algunas de sus clásicas bromas gringas sin sentido y las típicas estupideces sobreactuadas de las series Disney, pero me di cuenta de algo: en mi época las series para niños no eran así.

Los shows infantiles hoy en día tocan temas que antes eran tabú para los menores o que apenas se hablaban a sus cortas vidas. Disney tiene una fuerte presencia en la industria infantil mundial, es una marca habitual en las listas de regalos para Navidad y es fácilmente reconocida por los infantes, pero no por eso niega el espacio a temas contingentes como la homosexualidad, la adopción de niños y la aceptación social, aunque a muchos padres les puede sonar perturbador.

Por ejemplo, en “Jessie” hay 3 niños que son adoptados y que representan distintas etnias: uno árabe, una de raza negra y otro muy corriente. Ninguno recibe un trato especial por tal condición ni mucho menos, pero sí hay capítulos que giran en torno al interés de los protagonistas por conocer su real procedencia. Otro ejemplo es “Buena suerte Charlie” de la misma cadena, la cual muestra a una pareja lésbica en su última temporada, no con besos ni eso, pero sí aclaran las actrices que están juntas sentimentalemnte.

Cuando era chico con suerte había un niño más negrito en el elenco para hablar de integración y no discriminación, o se le atacaba 3/4 de la serie para luego ser amigos y jugar felices como si nada hubiese pasado. Por ejemplo, algo que sí se hablaba era el supuesto olvido de los padres en series como “Marco” cuando busca a su madre por todo el mundo o en “Rugrats, aventuras en pañales” donde Tommy sentía celos de Dil porque sus padres le daban más atención a su hermano que a él.  Los asuntos de antaño eran más relajados,  los niños sólo jugaban y reían con dibujos animados o títeres, pero no se enfrentaban a asuntos “para grandes” como muchas veces me dijeron en casa.

Hoy las series para niños hablan temas densos, pero piolamente. No es que al niño de 6 años se le muestre una matanza de animales con sangre y todo, o un beso entre dos hombres, sino que exhibe ciertas señales que dan a entender ello. De a poco se les va enseñando a los menores cosas que tienen un trasfondo más potente, que necesitan cierto raciocinio profundo, pero son las raíces de futuras ideas que se van forjando ya más grandes. No es que Mr. Disney se las den de mentor, psicólogo ni nada, ya que tampoco pierden el enfoque infantíl y de entretención que todo sello del ratón Mickey tiene, pero está empeñandose en generar nuevas generaciones con valores y pensamientos ya no tan de nenes, sino más maduros.

Hasta ahora, estos temas sólo se tocan en las versiones estadounidenses, ya que en el exitazo argentino “Violetta” no hay nada por el estilo y es una trama mucho más liviana. Sin embargo está claro que Disney aporta no sólo risas, sino también hace frente a temas tan discutidos entre las cabezas pensantes de la sociedad. De a poco, se van generando los nuevos líderes del mañana que ya tienen integrado el chip de la aceptación social y la no discriminación gracias a estos programas, se les va encaminando lentamente a la integración de estos “conflictos” y a que tengan una posición mucho más futurista y progresiva que la actual. Bueno, eso depende si los menores ponen atención a estas sutiles señales, pero al menos Disney sí se esfuerza por un futuro mejor, así que dedo para arriba para este canal que me hizo dormir, pero también pensar sobre esto.