Orange is the new black: la revolución de Netflix y Kohan

Cuando escuché que los Blockbuster tenían las horas contadas nunca lo creí (ni quise que fuera) posible. Era entretenido pasearse por los pasillos llenos de estantes con VHS (caída de carnet, aunque tenía 12 años) y dvds de estrenos sin siquiera tener intención o dinero para arrendar algo. Y luego, decían que vendría una revolución de aplicaciones y páginas web donde uno pagaba para obtener contenidos que también estaban «gratis» (o «ilegales», aunque suena feo decirlo) en internet. Nunca aposté a Crackle o Netflix, hasta que me colé en la casa de mi pololo una temporada completa y nos hicimos adictos a Netflix. Aluciné, lo único que hacíamos era tomar helado y ver películas, series o lo que sea que estuviera disponible. Ahí me convertí, así como esa gente que estaba «perdida» antes de pertenecer a determinada religión, me pasó lo mismo. Yo previamente era adicta a Orange is the New Black porque, uno de mis tantos ídolos, Pablo Illanes (guionista de Dónde está Elisa?, Conde Vrolok y creador de Alguien te mira), siempre comentaba que estaba enviciado con la serie. Y uno, como buena seguidora, tiene que ver programas que tus ídolos aman y así llegué a la serie. La vi en 3 días. Y cuando daban el openning, sonaba Regina Spektor y figuraba Jenji Kohan como creadora. Eran dos coincidencias, elementos que había conocido en Weeds, una serie que al menos en latinoamérica era de bajo perfil y la transmitían en The Film Zone, pero que me di el tiempo de descargar y ver de principio a fin, con los infinitos vuelcos y desapariciones de personajes que tenía. Y encontré puntos en común: la Kohan elige hablar de mujeres, clase acomodada generalmente, que siempre tienen alguna desgracia cayendo en delitos, marginalidad e inmoralidad. Extrañamente Nancy Botwin en Weeds era una reciente viuda con dos hijos de un barrio adinerado que entra al negocio de la marihuana para mantener a su familia y su estilo de vida. Piper Chapman en Orange is the new black es una «mujer bien» con una vida cotidiana que decide entregarse por haber sido cómplice en el negocio de las drogas junto a su novia de ese entonces. Kohan suele mostrar marginalidad extrema y suavizarla con la humanidad de los personajes, recrear situaciones que incomodan tanto a los personajes como al televidente (o «serievidente», no sé si existe el término) y por tener un ritmo rápido y constante de narrado, mezcla culturas (como la vida misma de Estados Unidos) pero lo más significativo es ese imán a la pantalla que genera.

Solo hoy vi un tercio de la nueva temporada de Orange is the new black, maratón que fue suspendida porque hay vida allá afuera (já), y sigue siendo igual de fascinante. Hay incorporación de nuevos personajes, salidas (temporales y definitivas) de otros y muchas risas gracias a los guiones estrella del gran equipo que tiene detrás. No ahondaré en detalles de la temporada porque el Dios de ésta página, don @seriepolis no pudo haber hecho una mejor columna referente a ello.

No puedo dejar de expresar mi eterna devoción a Orange is the new black por sus personajes bien construidos, una adaptación genial del libro que la misma Piper (no Chapman claro, se cambió el apellido) hizo, un cast brillante y una continuidad excelente. Y claro, no era para menos si la Kohan en su currículum incluye a nada más ni nada menos que Sex and the city, Gilmore Girls y Will & Grace (series que en su momento grababa en VHS para no perderme los capítulos) entre varias otras. Hoy tenía muy presente hacer una apología a la Kohan y por esas cosas del destino, recibí una hermosa retribución: las adoradas trivias. En el capítulo 3 conocemos que el cumpleaños de Piper Chapman es el 07 de junio.