Oscuro Claro

A veces la vida cotidiana nos aleja de las cosas que más amamos, como de las personas que queremos o (sobretodo) de Netflix. Cuando llegan las vacaciones uno es capaz de ser feliz y hacer maratones imparables, ya que Netflix es tan mágico, que tiene material nuevo cuando uno desea verlo.
Making a Murderer es un documental de 10 episodios que cuenta la angustiante vida, erróneamente llamada, delictual de Steven Avery, quien a los 23 años es condenado por presunta violación a una joven en Manitowoc, un pueblo de Wisconsin.

Si uno lee hasta ahí, no hay mucha novedad, es casi como ver el noticiero de CHV donde hay crímenes por doquier. Avery tiene mala suerte, o al menos esa es la visión del documental, que hace que el espectador sienta empatía y compasión por él; somos testigos de una tragedia injusta: tiene un historial de pésimas juntas, malas relaciones con una prima, manchada reputación de su apellido, agresión a un gato y una estancia en la cárcel por esto último. Sin embargo, nada hacía presagiar que su vida respirando aire puro y libertad se acabaría abruptamente. Avery es procesado por violar a una mujer que tras una serie de manipulaciones asegura que Steven es quien la atacó, sin dejar margen de dudas de la corrupción y confabulación del cuerpo policial de Manitowoc. Porque claro, ¿quién convencional y universalmente es capaz de cuestionar lo que dice la policía, si su trabajo es hacer el bien a la comunidad?

Y bueno, esto no es ningún spoiler, sólo el comienzo de la desacertada vida de este hombre de campo, que luego de perseverar, hostigar, buscar por cielo, mar y tierra la eliminación de sus cargos presidiarios y el cambio de su rótulo de «culpable» por el de «inocente», tras 18 años preso, al fin, vuelve a su casa, con su familia.

Suena a subjetividad creer que se ensañen con alguien de tal manera, con tal magnitud, pero cuando vean el documental, podrán tener su propia opinión. Y claro, como es Netflix, éste no podía ser el fin, sino que es recién el comienzo: Avery lucha por conseguir una compensación económica y demandar al Estado por cometer un error tan notorio e indignante, pero cuando está muy cerca de obtener ese pequeño triunfo (moral más que nada) en compensación por infierno que tuvo vivir, se ve envuelto en un homicidio que misteriosamente ocurre en el depósito de autos que tiene en su patio. Y todo esto ocurre en el primer episodio y principios del segundo.

La serie-documental se filmó durante 10 años, y contiene entrevistas exclusivas a Avery, sus familiares, abogados defensores y querellantes, material inédito de las pruebas, evidencia (o carencia de ella), juicios, tribunales, opiniones varias y seguimiento de la prensa. Es rápida de ver; en dos días fui feliz/triste devorándola. Está muy bien lograda, es actual a pesar de tratarse de «crímenes» que datan de la década del ’80, sin embargo (clave por si quieren spoilearla) hay demasiado material de la vida de Avery y de todas las situaciones que rodearon el caso; aunque mejor sorpréndanse, porque cada episodio da a eso de los primeros 15 minutos una apreciación de lo que podría suceder, para luego desmoronarse justo 10 segundos antes de los créditos finales.

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