Las comparaciones son odiosas, más aún considerando que el título de esta columna compara dos series en diferentes contextos históricos, pero que tienen varias visiones en común.

Partamos por nuestro país y hagamos un poco de historia: entre 1974 y 1977, en Chile, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) fue un organismo militar y profesional creado para perseguir y desarticular a los partidos políticos de izquierda, sus simpatizantes, organizaciones sociales y todos aquellos movimientos o personas que pudieran poner en peligro la continuidad del gobierno militar chileno tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Dentro de esta organización, Mariana Callejas y Michael Townley operaron como sus agentes civiles, un matrimonio que actuó con total libertad para experimentar con armamentos, torturar y planificar atentados de acuerdo a las órdenes que recibían.

De eso trata Mary & Mike, la nueva serie chilena que se presenta en Chilevisión y a nivel latinoamericano por la señal de pago Space. Mary (Mariana Loyola) y Mike (Andrés Rillón) aparentan ser una matrimonio normal muy bien acomodado en un sector exclusivo de Santiago, con una hija mayor que debe enfrentar los típicos problemas e inquietudes de la adolescencia y un hijo menor que disfruta de la vida sin enterarse en lo más mínimo de lo que hacen sus padres.

Desde Turner tuvimos acceso al primero de los seis episodios que componen la única temporada que tendrá esta miniserie, que nos empieza a contar la historia y el desarrollo de los personajes desde el primer momento. De hecho, no pasan ni cinco minutos y ya nos podemos hacer una idea del tipo de personas que forman este matrimonio de “agentes” secretos que, para desgracia nuestra, está basado en hechos reales. Es Mike quien hace el trabajo sucio de capturar y torturar a un sacerdote ligado al socialismo, mientras que Mary, en su calidad de escritora antimarxista, es la encargada de realizar los informes que luego son entregados a los directores de la DINA. Desde ahí podemos hacernos a la idea de que Mary y Mike serán los encargados de dejar todo en orden para que el gobierno de Augusto Pinochet tenga el camino despejado.

Mary and Mike

Mary (Mariana Loyola) y Mike (Andrés Rillón), los dos protagonistas de esta nueva producción chilena.

En lo que a visualidad respecta, la ambientación de la época en cuestión (1974) está muy bien lograda en todos los aspectos, desde el vestuario hasta la ciudad en aquellos años y el vocabulario propio de los 70s. El comienzo de la temporada es dinámico y se pasa rápido por los diversos hechos de los que somos testigos y que no nos dan respiro. Destaco la secuencia dentro de los cuarteles de la DINA, donde podemos ver que Mary y Mike, especialmente Mike, están dispuestos a todo con tal de cumplir una misión, y demuestran toda su crueldad sin piedad.

La comparación con la serie The Americans es evidente y casi obligatoria. Mientras que la serie estadounidense trata sobre una familia de aspecto normal que en realidad está compuesta por agentes secretos entrenados por la Unión Soviética en plena Guerra Fría con Estados Unidos, en Mary & Mike el matrimonio, que también aparenta una vida común y corriente, debe obtener información valiosa para la organización a la que responde y desempeñar el papel de sicarios. Aunque ambas series tocan un tema similar, podría decir que Mary & Mike es mucho más cruda en su visualidad y lenguaje. Ahí se puede ver la tortura en cuerpos desnudos y la matanza de animales, mientras que en The Americans esto ocurre con poca frecuencia y mostrando las escenas más fuertes con siluetas que apelan más a la imaginación que a lo meramente explícito.

En resumen, Mary & Mike resulta una serie fascinante, que nos lleva a la reflexión de aquellos oscuros años de un país sumido en los más cruentos pasajes de lo peor que nos puede ofrecer un gobierno. La serie lo logra retratar con la cotidianidad escalofriante de sus protagonistas y una realización audiovisual impecable. Estamos frente a una de las miniseries chilenas que vale la pena ver y sobre la que hay que reflexionar.