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[REVIEW TEMPORADA 4] ‘The Handmaid’s Tale’: La ira más animal

The Handmaid’s Tale abordó la violencia contra las mujeres, un tema que sigue siendo tabú porque la mitad de la población sigue siendo esencializada a la condición de seres frágiles, criaturas de paz.

Las sirvientas, las violadas, las despreciadas, las humilladas, las martirizadas están, sin embargo, dispuestos a dar guerra. Y hay que reconocer que este levantamiento lleno de rabia y alimentado por una venganza sorda a toda razón ha tenido un efecto liberador tanto para ellos como para nosotros, que llevamos cuatro años observándolos. Afortunadamente, nos queda la ficción como último espacio para la expresión de nuestra ira más animal.

En la cuarta temporada, fuimos testigos de la huida de June a Canadá. Allí se reencontró a Moira, Rita y, sobre todo, a Luke, su marido. Sin embargo, su nueva libertad fue experimentada como una agonía, la culpa de haber dejado a su hija Hannah la carcomía por dentro. Estos diez episodios no han sido una serie impecable, ni mucho menos, pero la satisfacción de este final matiza las pocas asperezas de su narrativa.

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Uno piensa, por ejemplo, en las otras sirvientas, cuyas capas rojas han impregnado tantas veces nuestras retinas en cada toma del pasado, y que aquí estaban ausentes. También faltan en el final Janine y la tía Lydia, cuya relación enfermiza ha resurgido. ¿Y qué hay de Joseph, el comandante Lawrence, cuyos motivos son tan turbios como imprevisibles?

Lo que les llevará a actuar son los límites de la diplomacia en tiempos de guerra. Este episodio final es un triste recordatorio de que, incluso al otro lado de la frontera, en Gilead, en una sociedad civilizada, progresista y democrática como la canadiense, la vida de un hombre, por muy podrida que esté, vale más que la de muchas mujeres violadas y golpeadas. Se necesitarán no menos de veinte víctimas, la mayoría de ellas antiguas sirvientas, y la promesa de su liberación para convencer a Mark Tuello, representante del gobierno estadounidense en el exilio, de que extradite a Fred Waterford a Gilead. Hace falta toda la astucia de June, y todas las heridas de Offred, para que entre en Tierra de Nadie y se haga justicia. Mientras se lo llevaban, su alegato de «¡Soy un hombre, tengo derechos!», fue el último clavo en su ataúd para el público.

Al día siguiente de la emisión del final de temporada, muchos medios de comunicación titularon la «impactante muerte» del episodio. Es un adjetivo sorprendente. En el contexto de esta serie, que nunca ha dejado de dirigir su violencia (la de sus protagonistas masculinos, pero también la de las Esposas y las Tías) hacia sus heroínas, y que hace que estas, las que han sobrevivido, sientan un legítimo deseo de venganza, ¿debemos sorprendernos de que esa misma rabia recaiga sobre Fred Waterford? No, su muerte no es impactante, estaba prometida, tanto por la serie desde el primer episodio, pero sobre todo por June que, creyendo que escapará de la justicia, jura que lo colgará en el muro de Gilead. Para las siervas ahora libres que acompañan a June, el asesinato del verdugo principal y todo lo que representa es catártico.

The Handmaid’s Tale, desde el principio, ha tratado de mostrar la facilidad con la que lo impensable y el horror se pueden apoderar de ti si no te resistes con todas tus fuerzas a la más mínima señal de amenaza. Es la ventana de Overton que se expande para tolerar lo intolerable y establecer un régimen similar al de Gilead. Margaret Atwood siempre ha dicho que se inspiró en la realidad para su novela. En todo el mundo, incluso en la primera potencia mundial, Estados Unidos, los derechos de las mujeres se ven mermados cada día. Así que sí, cada minuto de este final, cuyo desenlace era esperado, lo sentimos en nuestras carnes.

¿Dónde ver The Handmaid’s Tale?

La serie se encuentra actualmente en Paramount +.