Oscuro Claro

En los años noventa, la llegada de Sex and the City no sólo supuso un hito en la representación de la mujer en la pequeña pantalla, sino que también liberó por fin al viejo y querido tubo de rayos catódicos de una serie de verdades y tabúes tácitos que sólo el cine podía atreverse a tratar. Veintitrés años después de aquella pequeña gran revolución hecha por cuatro mujeres neoyorquinas que lidiaban con difíciles relaciones románticas y el constante cuestionamiento de su papel en la sociedad, llega un nuevo reto para Carrie Bradshaw y sus compañeras: redefinir su lugar en este nuevo mundo, convertirse en cincuentonas serenas y aprender de las más jóvenes algunas lecciones sobre inclusión y diversidad.

Durante meses hemos recibido noticias esquivas sobre qué personajes volverían, luego la situación de la secuela parecía zozobrar con la noticia, no digerida por muchos, de la ausencia de Kim Cattrall, la inescrupulosa Samantha Jones. And Just Like That… sin embargo, siguió adelante a pesar de esta gran ausencia y con la adhesión de viejos y nuevos protagonistas por fin estamos prácticamente de vuelta en Manhattan.

El primer episodio es suficiente para entender lo que se puede esperar, And Just Like That… no se conforma con ser catalogada como una operación rescate, limitándose a poner sobre la mesa las mismas cartas ganadoras para explotar hasta el final el seguimiento de la popularidad y de los aficionados de lágrima fácil (incluido el que escribe), sino que asume la tarea de continuar el mismo camino emprendido hace 20 años: proyectarse hacia el futuro y plantearse las preguntas adecuadas sobre el cambio que hay que emprender y mostrar al público en este presente para dar la voz adecuada a todos. No cabe duda de que este objetivo ha sido inteligentemente estudiado por el productor ejecutivo Michael Patrick King, pero el giro del primer episodio nos da la esperanza de que la serie pretende superar incluso sus propias zonas de confort a costa de algunos errores, entre los que, entraremos en detalle más adelante, está la explicación de la salida de Samantha.

¿Habríamos preferido no saber qué pasó después de esa última película (insignificante la segunda de 2010) o incluso ese último episodio de 2004 y no tener que ver a nuestros protagonistas enfrentarse, como en la vida real, a muertes repentinas, peleas, vejez? Nos apetece decir, en nombre de muchos aficionados, que la respuesta es, en palabras de Mr. Big, Abso-Fucking-Lutely. Sin embargo, el cierre de cada episodio podría convertirse en un nuevo hábito que podríamos disfrutar, dada la premisa.

No pierde el tiempo en bromas innecesarias, And Just Like That…, a pocos minutos del comienzo del programa, se levanta la primera piedra de su zapato, el dolor de cabeza más comentado de este regreso: la ausencia de Samantha. Ya sabíamos que los guionistas la habían trasladado a un Londres extrañamente lejano, pero la explicación de este traslado no sólo deja mucho que desear, sino que no hace honor al personaje que dejamos atrás hace unos años. En este caso la confusión entre la vida y el plató tuvo su parte en esta elección narrativa y Kim Cattrall tendrá que ver cómo su Samantha es muy criticada por sus resentidos amigos antes de que su imagen sea parcialmente redimida en el segundo episodio. Aunque sabemos que el cine y la televisión tienen leyes duras que no se pueden trastocar, ver un trío y no un cuarteto es casi antitético y paradójico por momentos en una serie que tiene como emblema y fuerza extrema a los amigos de toda la vida como almas gemelas.

No se puede seguir siendo siempre igual, dice Miranda durante el brunch, y éste es también el leitmotiv de Carrie (Sarah Jessica Parker), criticada por la podcaster no binaria Che Díaz (Sara Ramírez) por no poder aparecer con más naturalidad en la radio sobre temas erótico-escabrosos, siendo ella misma la primera en tener una columna de sexo en un periódico. ¿Qué nos dice esto sobre la serie? Que en los últimos 10 o 15 años las reglas de lo políticamente correcto e incorrecto han cambiado, que tenemos géneros que aceptar, identidades que considerar y respetar e incluso las otrora revolucionarias Carrie, Miranda y Charlotte tendrán que volver a superar sus límites.

Alabamos al equipo de Michael Patrick King por no conformarse con una simple operación de revival amarcordiano, sino por elevar el listón y someter a nuestros protagonistas a nuevas metas, más inclusivas y respetuosas con la diversidad y la representación. Aunque todavía estamos en shock por algunos giros inesperados pero respetables para romper por fin con las líneas narrativas ya cubiertas en el pasado, sigue siendo difícil llenar el vacío de la ausencia de Samantha, cuarta alma del grupo de amigas, y el tratamiento reservado para ella por ahora no le hace justicia. A pesar de esta ausencia y de su gestión, las premisas de los primeros episodios dan esperanzas de que los nuevos objetivos de revolución y crecimiento de nuestros protagonistas sean una base narrativa eficaz para darnos una temporada que merezca la pena ver y vivir.

¿Dónde ver And Just Like That…?

La serie está disponible semanalmente en HBO Max.

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