Cuando los hermanos Duffer cierren la cortina de Stranger Things con ocho episodios que prometen ser épicos, pocos fans se darán cuenta del trabajo monumental que hay detrás de cada fotograma. La vestuaria, el maquillaje, los peinados y los efectos visuales no son solo detalles: son los pilares que sostienen la nostalgia de los ochenta, la atmósfera tenebrosa del Otro Lado y el vínculo emocional que nos mantiene pegados a la pantalla.
Más que prendas: El vestuario es una ciencia
Cuando piensas en Dustin, probablemente imaginas su camiseta del Hellfire Club. Pero lo que no ves es que cada vestuario existe en múltiples versiones—limpio, sucio, manchado con sangre—para garantizar continuidad durante meses de rodaje. Es un detalle minúsculo que asegura que la realidad del Otro Lado se sienta coherente.

La vestuarista Amy Parris pasó horas buscando en tiendas de segunda mano para encontrar prendas auténticas de la época. Cuando no las conseguía, hacía magia: encontró solo ocho suéteres originales de Mike, así que recreó los tejidos faltantes e incluso los pintó a mano para que coincidieran a la perfección. Algunos personajes incluso lucen zapatillas Nike personalizadas, como Erica, Eleven y Steve, que fueron fabricadas especialmente.
Los guiños a la cultura pop tampoco son casuales. Maya Hawke (Robin) pidió específicamente una camiseta de Tom Waits y una chaqueta de cuero para recrear una foto real de Winona Ryder, su co-protagonista en La dura realidad (1994). Mientras tanto, Will vuelve con sus icónicas zapatillas Adidas de la temporada 1 y chaquetas sin mangas que lo definen, cerrando su círculo visual de una manera que solo los fans más atentos captarán.
Ni un pelo al azar: Los peinados que cuentan historias
Aquí viene lo fascinante: el corte de pelo de Will Byers se inspiró en Sebastian de La historia sin fin y se mantuvo idéntico durante toda la serie para reflejar su estancamiento emocional. Recién en la temporada 5 evoluciona por primera vez, marcando su transformación personal.
Nancy no se salvó de este nivel de detalle. Su cabello se basa en Sigourney Weaver en Alien, mientras que las coletas de Holly Wheeler homenajean a Gertie de E.T.: El extraterrestre. Todo es una carta de amor al cine clásico de los ochenta.
La encargada de maquillaje, Eryn Krueger Mekash, llegó incluso a usar el anuario de secundaria de su esposo como referencia y recurrió a herramientas auténticas de los ochenta: cepillos, rizadores y secadores de peluca—con un uso mínimo de alisadores. El resultado: flequillos voluminosos, capas y texturas que te transportan instantáneamente a 1985.
Y no podemos olvidar a Steve Harrington. Su look icónico regresa con cabello más largo atrás, aplicando la técnica de secado «pata de gato» que lo hace inconfundible. Sí, existe una técnica de secado llamada así y sí, es exactamente tan retro como suena.
El arte del maquillaje: Realismo apocalíptico
Con el tono apocalíptico de esta temporada final, los personajes lucen más desaliñados que nunca. El equipo optó por looks más naturales y menos maquillaje, reflejando el caos del mundo que enfrentan. Pero ojo: la sangre que ves en pantalla no es cualquier sangre. Se hicieron múltiples pruebas para crear un color que funcionara específicamente con la iluminación azul y roja de la serie, una indicación directa de los hermanos Duffer.

Ahora, la transformación más brutal: Jamie Campbell Bower pasó aproximadamente 70 horas en la silla de prótesis para convertirse en Vecna. Lentes de contacto personalizados, dentaduras a medida y prótesis que cubrían su cuerpo entero. Esta temporada, el equipo de Barrie Gower optimizó el proceso—llegando a trabajar con cuatro personas simultáneamente solo en la parte superior del cuerpo. Las nuevas prótesis de cara, hombros y manos fueron fabricadas desde cero, incluidas quemaduras y cicatrices que narran las secuelas de la temporada anterior.
De la realidad a El Otro Lado: Construyendo un infierno visual
Para crear la atmósfera del Otro Lado, el equipo de Arte se convirtió en ingenieros. Usaron 44 kilómetros de tubos flotadores, 130 kilómetros de cuerda y fabricaron 84 kilómetros de tentáculos. Sí, leíste bien. Enredaderas de hasta 4 metros de alto fueron construidas a mano y luego extendidas digitalmente por el equipo de VFX sobre árboles y edificios, creando ese paisaje onírico y aterrador que define El Otro Lado.
Pero no todo es tecnología. La decoradora Jess Royal buscó objetos reales en ventas de garage—radios, productos de limpieza, artefactos electrónicos auténticos de los ochenta—para construir espacios que se sintieran genuinos y conectados con los personajes. Esos detalles que pasan desapercibidos son exactamente los que hacen que el universo de Stranger Things se sienta real.
Y si creías que las armas eran simples utilería, piénsalo de nuevo. Mike estrena un arma nueva esta temporada: una pala cuya punta está envuelta con alambre de púas, imitando el bate icónico de Steve. Incluso los lanzallamas cambian de diseño en cada temporada, un detalle que evidencia el obsesivo nivel de cuidado en cada aspecto de la producción.
El cierre que merece esta historia
Cuando el telón caiga sobre Hawkins el próximo año, los fans estarán pendientes de los giros de trama, los sacrificios y las despedidas emocionales. Pero lo que realmente los atrapará—aunque no lo sepan conscientemente—es este trabajo invisible. Cada hilo tejido, cada pelo colocado, cada tentáculo fabricado, cada prótesis aplicada. Es la razón por la que Stranger Things no solo cuenta una historia: la hace vivir.

