Derek, a secas: Viva Netflix

Es difícil buscar un título para una columna de Derek, porque estoy completamente en blanco. El otro día tenía ganas de indagar en alguna producción original de Netflix y llegué a la serie. Sublime. Bacán. Emotiva. Precisa. Concisa. Imperdible. Recomendable. Seguimiento obligado.

La serie transcurre en el asilo de ancianos Broad Hill, donde trabajan y pasan la mayor parte del tiempo sus trabajadores, entre los que encontramos a Derek, un adulto inocente y amable que está encargado de cuidar a los ancianos, a quienes les tiene gran cariño, Hannah, quien es la directora del asilo y lucha incansablemente por mantener el lugar funcionando a pesar de las dificultades, Kev, un vago que es gran amigo de Derek y mata el tiempo en el hogar, buscando incesantemente una mujer a quien conquistar, intento infinitamente fallido porque raya en la perversión y Dougie quien es una especie de conserje y está encargado de arreglar cosas.

Si bien el rodaje se ve oscuro, le da cierta realidad. La historia transcurre como una especie de documental muy a lo Parks and Recreation, donde sus protagonistas se dirigen a una cámara y narran sus vivencias. Lo interesante es que el cast está bien escogido y los personajes excelentemente bien logrados, desde quienes encarnan a los abuelos hasta los protagonistas. El ritmo de narración es el adecuado, los guiones precisos, los silencios necesarios y la escenografía mejor imposible.
Me agrada que no sea ostentosa, que no pretenda ser algo que no es. Derek busca en su simpleza transmitir simpleza, en su sencillez entregar un diamante pulido que brilla en la más profunda oscuridad. No sé que magia hace Netflix, porque cada serie original que tiene, me atrapa a tal punto de provocarme el claustro (por gusto).