Chao Glee

Caí en la cuenta de que mis columnas o son reviews de The Leftovers o son despedidas. Siempre decir adiós es un poco amargo o tiene un dejo de tristeza y lamento decir que ésta no fue la ocasión. Puede que se me haya enfriado el corazón o que con el tiempo me volví más indolente o también, siendo súper objetivos, Ryan Murphy reprobó ésta vez. Cuando partió Glee me pasó lo que a la mitad de las personas: no enganché, no me llamó la atención y pensaba que ni en mil años la vería alguna vez en mi vida. Un verano estaba en mis burbujas de aislamiento (que me duran como dos días y luego vuelvo con todo a la vida social) se me ocurrió ver un par de episodios (que previamente había descargado, porque yo, Diógenes cibernética, si bajo archivos, películas, libros, canciones o discos, no implica que sean lo cool de lo cool o que muera por verlos/sentirlos/leerlos, sino que es el hecho de tener, tener y tener, que a la vez se traduce, a muchos discos duros externos comprados con la esperanza de “último que lleno” y nunca pasa).

La primera temporada para mí fue algo sosa, no me gustó del todo, compraban solo derechos de canciones muy antiguas o muy fomes pero las historias prometían. La segunda y tercera temporada marcaron un peak importante, no sé si taaaan en cifras, pero de que Glee era fenómeno, fue fenómeno, eso es innegable. En mi vida se ‘configuró’ (nueva palabra favorita de las antiguas de mi repertorio) en un momento que empezaba diferentes etapas, afianzaba otras y probablemente el lugar común en el que siempre me encuentro donde estoy en el fin de la búsqueda persistente de un ‘algo’ en mi existencia que está a un paso de concretarse como ‘found’. En esa época, el Glee cast hizo la gira de conciertos en Estados Unidos y lanzaron la versión en 3d de los mismos. Estaban en la cresta de la ola.
El fin de la tercera temporada prometía un inminente regreso de Finchel (Finn & Rachel), pero algo que no pudieron controlar los guionistas, productores ni la vida misma sucedió: la muerte de Cory Monteith. Puede que al morir él, la serie muriera un poquito. Lo desconcertante de la situación puede que llevara a estirar un elástico que ya estaba cediendo paulatinamente. Glee estaba supeditado a coros e integrantes de los mismos: el primer cast fue bueno, tanto en actores como en historias. Y claro, el riesgo que corren las series que tratan de escolares es que eventualmente crecen y no pueden seguir asistiendo a clases y eso deja sin trama y sin personajes. Luego se crea un segundo grupo que es menos exitoso pero tiene un poco de suerte: aún pululan en McKinley un par de caras antiguas que aún no se gradúan. El tercer grupo lisa y llanamente no funcionó: historias vacías, personajes que nadie recuerda e intentos fallidos de crear un paralelo entre los ‘históricos’ que emigraron a Nueva York en búsqueda de sus sueños y la generación de novatos de ‘New Directions’ que no encendían emociones.

Dejé de ver Glee un par de capítulos luego de la muerte de Finn, porque independiente de que claro, me entristecía que mi personaje favorito no existiera ni en la pantalla ni en la vida real, la serie tampoco acertaba en encontrar fórmulas de ser como antes. Hoy vi el último capítulo de la serie (sin ver entremedio y perdón a los fans que ronden, por más que sean pocos pero se les respeta de igual forma) pero siento que no me perdí de nada. El ‘adiós’ de Glee tiene saltos temporales entre el pasado de Will Schuester para contextualizar la importancia del coro en su vida y luego salta al presente y al futuro a mediano plazo de 5 años después. En mi apreciación muy personal, las canciones fueron un poco lateras y los finales de cada personaje eran predecibles, pero cierra el ciclo de la manera adecuada (para ellos).
Quizás siempre me dará vuelta el final que estaba en la cabeza de Murphy, de Finn como profesor del Glee Club en Lima y Rachel siendo exitosa en Broadway, quienes no se topan en mucho tiempo, hasta que el personaje de Lea Michelle decide volver a McKinley a reencontrarse con Finn para decirle que se siente en casa y luego, la pantalla se torna negra. Es raro pero más que hablar de Glee, me provoca hablar de las sensaciones de las series, de por qué ahora tienen un apogeo y probablemente sea por el viaje tanto de los personajes como personal, siempre coincide con un momento de cada uno, independiente de que sea muy bueno o muy malo, pero marca de alguna u otra manera, a mí me da oxígeno que huele diferente al que respiro en Santiago y en Viña (mis residencias actuales), un torbellino en la ‘guata’ que no encuentro en otros sitios. Glee fue ‘harto’ para mí en un momento, ahora quizás no tanto o probablemente nada, pero agradezco enormemente lo que me dejó, los recuerdos que forjé, las veces que me emocioné (cursi!) y las que me reí. Al final del día, las series son como las relaciones: algunas perduran en tu vida independiente de que las cancelen, otras continúan al aire y se fueron de tu existencia, pero es relativo.

Una postdata con ira a propósito de cancelación: toda mi ira se deposita hoy en HBO por la cancelación de Looking. ¿Donde está el link? En que Jonathan Groff, Patrick en Looking aparece en Glee y es mejor amigo de Lea Michelle en la vida real. Solo necesitaba buscar la manera de aminorar mi dispersión.

No procrastino, veo tele. Tengo ídolos secretos, odio el fútbol y el pimentón. Alabo cualquier cosa que haga Thom Yorke y añoro a Cerati. Viuda de Lost y Desperate Housewives. Lloré cuando terminó Six feet under. Ah y twitteo 'un poquito'

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