Este año ha avanzado demasiado rápido. Ya estamos en mayo y con ello llega la temporadas de definiciones de las series (al menos las norteamericanas). Y Castle no es la excepción. Tras la bullada salida (o mejor dicho, no renovación de contrato) de Stana Katic y Tamala Jones en el caso de una hipotética novena temporada, los escritores comienzan a trazar las últimas líneas de la temporada peor evaluada por los seguidores de la serie. A esto hay que sumarle la situación de incertidumbre de ABC sobre si renovarán la serie o no.

En ese escenario, el episodio de esta semana tiene como “víctima” a Alan Masters (Jonathan Silverman de Weekend at Bernies), un inspector de seguridad de químicos bastante estricto, quien habría sido envenenado mientras hacía una llamada a su operadora de cable, tras lo cual “muere”. O al menos así lo indicaron las pericias practicadas por Lanie y la misteriosa nueva doctora (Marin Hinkle o “Judith” de Two and a Half Men). ¿El problema? Masters nunca murió. Logró sobrevivir al envenenamiento, lo cual desafía a toda lógica. Tras ser dado de alta, Masters vuelve a su casa, pero esta vez volvería a sufrir un ataque (fue electrocutado), por lo cual la policía centra sus esfuerzos en descubrir quién está detrás de una persona común y corriente (al menos en el papel).

Si bien no creo que sea un capítulo memorable en cuanto al trabajo del guión (no es muy profundo que digamos), sí creo que hay algunos elementos rescatables. El primero de ellos es el humor, que es el fuerte de este episodio, el que tiene como principal punto alto al mismo Castle, el cual con sus locas teorías intenta descubrir por qué Masters no habría fallecido. Con esto, los guionistas recurren a un viejo recurso en la serie, que ocuparon en el capítulo anterior: el juego de creyentes versus escépticos, sólo que esta vez ya no dice relación con lo paranormal, sino en el hecho de que Masters sea un superhéroe. Pues bien, Castle se esmera en tratar de conocer la historia detrás de este “hombre común” que sobrevivió a la muerte no una, sino dos veces. Frases como “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” hacen eco. Creo que esta trama habría funcionado en temporadas anteriores, dado que ahí se sopesaba la “teoría disparatada” con “datos duros”. En esta oportunidad, en cambio, hacen que el personaje se vea más bien tonto y este defecto ya se vio en otro capítulo de la temporada: The Nose, que, si bien fue chistoso, mostraba a un Castle totalmente distinto a temporadas anteriores (le han quitado seriedad al personaje según yo; no me opongo a que sea chistoso, pero creo que llega un punto en que pasa a ser ridículo).

A lo anterior hay que sumar la buena actuación de Silverman, el cual no sólo se afiató bien con Castle, sino también con Lanie. De hecho, esta última tuvo más minutos en aire que lo que estamos acostumbrados (quizás para hacer justicia a su fin de contrato).

Por otro lado, y como era de esperarse, el arco argumental de LokSat vuelve a estar en primera plana debido a que Vikram, el informático del 12th preccint, logró asociar a Caleb Brown (el personaje de Kris Polaha, el “malo” de la temporada) y sus estadías en Los Angeles al organismo. Una carta que era un indicio importante, pero que debía ser apropiadamente jugada para no dar un paso en falso. El problema es que la policía agarra el anzuelo y cae en esta trampa, generándose un cara a cara intenso entre Beckett y Brown (quizás el punto más álgido del capítulo), en el que nuevamente debemos sopesar a qué lado de la balanza le pondremos más peso y que ello depende exclusivamente de nosotros. Pues bien, Brown les habría dado una pista (quizás la única concluyente hasta el minuto) para atrapar a LokSat, indicando lugar y hora donde debía ser empleada (curiosamente la fecha que da calza con el final de temporada y, quizás, de la serie). Por tanto, Kate se ve forzada a tomar una decisión o al menos buscar una manera de poner el juego a su favor. ¿La decisión que tome Beckett en el capítulo incidirá en el destino de su personaje cuando faltan 3 capítulos para el gran final?