Una de las cosas a las que más temía de la tercera temporada de Narcos era que no fuera buena. Las dos primeras temporadas tuvieron de todo, corrupción, drogas, hambre de poder, explosiones y un villano a la altura de las circunstancias: Pablo Escobar.

El punto más alto de la serie era, precisamente, Escobar. Un antagonista que supo ganarse a su público siendo carismático, educado y cercano, podíamos entender su punto de vista y el motivo de sus acciones aunque, en el fondo, estaba totalmente inmerso en la ilegalidad. También nos pudimos identificar con los policías de la DEA, Peña y Murphy, que querían atrapar a Escobar a como dé lugar.

Con la muerte de Escobar al final de la segunda temporada pensé que hasta aquí llegaba la serie. La historia del narcotraficante más grande y conocido del mundo había llegado a su fin. Pero no, afortunadamente estaba equivocado. Gracias a los amigos de Netflix pude ver los 6 primeros episodios de la tercera temporada (que, oficialmente, se estrena el 1 de Septiembre) y déjenme asegurarles que hay vida después de Pablo Escobar para la serie.

En este nuevo año de la serie pasamos de la ciudad colombiana de Medellín a otra localidad del país cafetero, Cali. Luego de derribar al imperio de Escobar, el Cartel de Cali se transforma en el enemigo número 1 de Estados Unidos. En las dos primeras temporada de la serie tuvimos un acercamiento muy generalizado con los cuatro integrantes que lideran a este grupo de narcotraficantes. En el tercer año de Narcos nos adentramos aún más en las historias de sus integrantes, conociendo sus vidas privadas, su fortuna, amores, identidades y su forma de trabajar. Este último punto es importante, ya que mientras Escobar era mucho más público y le encantaba la notoriedad, el Cartel de Cali resguarda mucho su modo de operar, pocos saben en qué circulo se mueven y, prácticamente, tienen a toda la cuidad de Cali coimeada para ser sus ojos y oídos, incluyendo a la policía, bancos, empresas telefónicas, etc. Este cerco casi impenetrable de información hará que para el agente Peña (Pedro Pascal) sea realmente difícil seguir los pasos de su nuevos enemigos.

Miguel Ángel Silvestre y Kerry Bishé. Nuevos integrantes del elenco de “Narcos”

Los primeros episodios nos darán un recorrido rápido de los cuatro nuevos protagonistas de la serie y las intenciones de Peña de agarrarlos. Con el correr de la historia entramos de lleno en la acción y no habrá momento en que no se salte del asiento. La trama te deja con ganas de más (de hecho, Netflix nos facilitó sólo 6 episodios que me devoré rápidamente y quedé con ganas de ver los siguientes). El Cartel de Cali nos dará la impresión de que todo está controlado, pero siempre hay un eslabón de la cadena que es más débil (o hábil) de lo que se cree. Todos los personajes tienen una importancia clave para la sucesión de hechos que desencadenarán la hecatombe de este nuevo imperio de la droga. Y ojo, que Chile, en un hecho fortuito, tiene un momento importante que da vuelta todo lo que sucede hasta el momento.

Se extraña la presencia del agente Steve Murphy, ausente esta temporada. Pero se compensa con las nuevas incorporaciones. Tenemos a Miguel Ángel Silvestre (Sense8, Velvet) que se suma como la persona encargada de blanquear el dinero del cartel; y a los estadounidenses Kerry Bishé (Halt and Catch Fire, Argo) interpretando a la esposa del personaje de Silvestre (y que también tendrá un rol importante) y Wayne Knight (Jurassic Park, Seinfield) que tendrá la labor de ser el abogado estadounidense del conjunto de narcotraficantes.

Una muy buena temporada es la que nos trae el regreso de Narcos. Pablo Escobar ya es historia, pero aún queda mucho para contar.

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