Las películas y series enfocadas en el paso de la adolescencia a la vida adulta siempre son interesantes, pero algunas obras se destacan al mostrar fielmente esa difícil transición del ser humano. The End of the F***ing World, serie original de Channel 4 y lanzada mundialmente por Netflix, conquista al espectador al aliar humor y drama de una manera inteligente y bastante oscura.

Basada en los cómics de Charles Forsman, la serie presenta a los peculiares adolescentes James y Alyssa, que se embarcan en un viaje para encontrar al padre de ella, que dejó la casa cuando Alyssa todavía era pequeña. Los dos son desadaptados sociales llenos de problemas psicológicos. Él tiene rasgos de psicopatía, y sueña con matar a un ser humano. Ella es una sociópata de boca sucia, con rasgos de bipolaridad.

Hay un aspecto curioso en la construcción de los personajes que regula la distancia entre ellos y el espectador en la medida correcta para garantizar que haya tanto de extrañeza como de empatía. La personalidad de James y Alyssa se construye sobre la base de dos o tres rasgos básicos, bajo los cuales se coloca una lupa que hace la actuación en general tan caricaturezca que obliga al espectador a ver a los personajes de forma casi alegórica. Sin embargo, la línea entre lo real y lo surrealista a lo largo de los episodios es, intencionalmente, muy tenue y, aunque la atmósfera lynchiana pasará todo el tiempo, en algunos momentos los sufrimientos y dilemas encarados por los protagonistas son tan sólidos que llevan al espectador al otro lado de la pantalla sin dificultad. A pesar de que James y Alyssa pasan la mayor parte de la serie bajo la forma de personajes teatrales, hay lapsos importantes en los que se vuelven tan reales como quienes están viendo.

Por supuesto, hay todavía una cuestión indispensable en toda serie protagonizada por adolescentes: la metamorfosis. James y Alyssa son en el octavo y último episodio personas completamente diferentes de lo que eran en el primero y eso es importante a la hora de conferir valor a sus personalidades. Ambos comienzan la trama templados por la arrogancia de la adolescencia, con certezas inquebrantables sobre sus propias vidas que, Episodio a episodio, van siendo destruidas, generalmente a través de experiencias traumáticas. Estas experiencias, por otro lado, no están allí sólo como un puente, sino también para insertar nuevas problemáticas en la vida ya bastante perturbadas del duo protagonista. Incluso la conquista de determinados objetivos está envuelta por la frustración y la ruptura de expectativas que hacen que ambos maduren.

Jessica Barden como Alyssa y Alex Lawther como James, los protagonistas de la serie

En vez de contar la historia como un drama, Forsman prefiere crear una comedia divertida con un humor ácido y políticamente incorrecto, un humor específico de los británicos que es seco y totalmente irreverente. Algunas personas pueden no gustar de la serie justamente por este tipo de humor.

El mayor acierto de la producción está en su pareja protagonista. Jessica Barden (Penny Dreadful) da un espectáculo de actuación como Alyssa, y puede transmitir de una manera sensacional los dilemas que el personaje está pasando. Mientras que Alex Lawther (Black Mirror) está igualmente brillante como James, a pesar de que su personaje es más moderado.

La banda sonora con golpes melodramáticos es casi un personaje más dentro de la ficción, y auxilia en la bellísima fotografía mientras vemos planos abiertos que parecen pinturas. Los bellos escenarios contrastan con la manera fea de como esos protagonistas ven el mundo, repletos de sentimientos negativos que ellos están aprendiendo a digerir mientras se transforman en personas mejores.

The End of The F***ing World es la primera sorpresa de Netflix para 2018 (aunque la serie sea de 2017). La estética de la serie, aunque no sea su principal foco, es impecable, con ligeras pinceladas que deberán agradar a fans de nombres como David Lynch, Wes Anderson y Michel Gondry. Dramatúrgicamente, la trama es bien ejecutada: incluso puntuada por la lógica de la exageración, los argumentos iniciales son sólidos y el desarrollo de la trama es bastante coherente. Los motivos pseudo-sombríos originales (la excentricidad de James y Alyssa) van siendo sublimados por familiares oscuros de verdad y experiencias con potencial devastador. Conforme los protagonistas se vuelven más vulnerables, y, paradójicamente, más fuertes, más el espectador es atrapado en la trama. Con el gancho dejado en la escena final, queda la expectativa para la segunda temporada.

The End of The F***ing World ya tiene su primera temporada disponible en Netflix.

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