Le Chalet es una de las tantas series francesas originales de Netflix de suspenso y misterio. La historia pasa en la aldea de Vilmoline, un lugar alejado de cualquier ciudad y en donde su desarrollo se divide en tres tiempos: el presente, un pasado reciente y un pasado de hace 20 años. Cada tiempo va soltando informaciones sobre los acontecimientos para que podamos montar el rompecabezas.

El primer episodio comienza con Sébastien (Max Libert) en una habitación blanca siendo interrogado. Allí, ya entendemos que algo grave ha sucedido. Después, nos vamos 20 años antes, cuando una familia llegó a la aldea para comenzar una nueva vida. Jean-Louis (Manuel Blacn) y Françoise (Mia Delmaë) se mudan a un chalet con sus dos hijos Julien (Félix Lefèbvre) de 13 años y Amélie (Laura Meunier) de unos 5 años. Julien crea una fuerte amistad con Alice (Louvia Bachelier) y, por eso, arregla una enemistad con Sébastien, que es apasionado por ella.

Jean-Louis, un escritor que está viviendo un gran bloqueo creativo, comienza a involucrarse con Muriel (Chlóe Lambert), dueña del bar local. Pero, de repente, la familia entera de Jean-Louis desaparece de la aldea.

20 años después, los adolescentes se convirtieron en adultos y Manu (Marc Ruchmann) vuelve al pueblo para casarse con Adèle (Émilie de Preissac). Con la ocasión, es la primera vez que todo el mundo se reunirá allí de nuevo. Pero al pasar por el puente que da acceso al sitio, una roca enorme cae sobre ella, atrapando todos en la aldea. Y ese es el único primer acontecimiento extraño. A continuación, la señal de teléfono móvil desaparece, las redes telefónicas no funcionan y no tienen Internet. Están todos completamente aislados. Y para empeorar, los asesinatos empiezan a suceder. A partir de ahí la trama recorre el misterio que de quien estará detrás de todos los crímenes cometidos en aquel lugar.

La serie provoca sentimientos encontrados. El final, a pesar de traer algunas sorpresas, contiene un desenlace un tanto cliché. Ha faltado un poco de ritmo para mantener los episodios que son de una duración extendida (algunos superan los 60 minutos), haciendo que la serie pierda el aliento en varios momentos. Muchos diálogos se ven forzados y las actuaciones son medianas. Los destaques, sin embargo, van a cargo de Chloé Lambert (Muriel) que, muchas veces, salvó la escena en la que participaba, además de destacar a Max Libert (Sébastien).

Pero a pesar de las fallas, Le Chalet trae algunos personajes interesantes y consigue mantener un buen clima de tensión durante la temporada gracias a la increíble banda sonora. La dirección también está bien, pues logra explorar bien los elementos de una narrativa de misterio y abusando, en el buen sentido, de planos generales del hermoso paisaje francés. Para quienes gustan de series de suspenso y misterio, vale la pena intentar ver la producción francesa. Pero tampoco esperen encontrar algo realmente novedoso, es simplemente un buen momento de entretención.

La primera temporada de Le Chalet está disponible en Netflix.