Escribo estas palabras con la emoción y angustia que sólo una buena serie de televisión puede provocar con un final redondo luego de más de 6 años siguiéndola ininterrumpidamente. Esta semana se acabó The Americans. Su viaje ha llegado a su fin, tanto el nuestro como el de la familia Jennings. Estos espías rusos que se ganaron nuestra admiración a pesar de ser políticamente incorrectos en sus métodos de cumplir sus diversas misiones.

DESDE AQUÍ SE MENCIONAN SPOILERS DEL EPISODIO FINAL DE LA SERIE

Lo que todos sabíamos que pasaría se cumplió: Stan tiene fundadas sospechas de que Elizabeth y Phillip son espías rusos, vemos su dolor, vemos sus ganas de que sus suposiciones no sean ciertas, pero a medida que se va inmiscuyendo dentro de ese laborioso e incomprensible mundo, más se convence, muy a su pesar. Stan siempre fue muy perspicaz en su trabajo y, esta vez, no iba a dejar que su olfato le fallara.

Fueron varios los momentos que nos dejaron perplejos al final del recorrido. El primer impacto fue el encuentro de Stan con Elizabeth, Paige y Phillip en el estacionamiento del edificio donde vivía la nueva incorporación de los espías rusos. Fue uno de los momentos más esperados durante toda la serie, el momento en que se descubriría la verdad por parte del FBI y, específicamente, por Stan, su vecino y amigo desde hace años. Fueron más de 10 minutos de tensión, no fue necesaria música (de hecho se puede escuchar de fondo el ruido de máquinas). la relación de Stan y los Jennings estaba rota, El agente del FBI estaba dispuesto a hacer cumplir la justicia y encarcelar a los traidores. Y es aquí donde se recurre a lo más profundo que podemos tener como humanos: la empatía. Fueron años de compartir celebraciones, cenas y, creemos, una sincera amistad entre Stan y Phillip lo que llevó a los espías rusos a poder salir de esta situación sin ningún tipo de violencia. Es dificil describir ese momento con con palabras. Stan, perplejo, se llevará el secreto de que dejó escapar a sus vecinos a pesar del daño que pudo provocar a la institución a la que trabaja.

También es destacable la escena en el McDonalds durante el escape de Elizabeth, Paige y Phillip. Dejando de lado la tremenda publicidad a la marca de comida rápida, la escena también tiene un simbolismo: Vimos la evolución de los dos protagonistas de ser personas totalmente arraigadas a su cultura soviética y desempeñando misiones para un país en vías de progreso. El hecho de que los personajes mas inmiscuidos en la cultura Rusa paren a comer una hamburguesa demuestra que, al fin y al cabo, se volvieron todo lo que ellos odiaban, son parte del sistema, se rinden al capitalismo y, a fin de cuentas, son americanos… y que más americano que la comida rápida que provee la gran M.

the americans

Paige decide tomar su propio camino

Otro de los puntos a destacar es, sin lugar a dudas, la secuencia del tren. Inesperadamente vemos como Paige decide no continuar el escape junto a sus padres y se baja en una estación del recorrido con la firme convicción de apoyar a su hermano Henry cuando, finalmente, sepa toda la verdad de sus padres. Paige ya nos demostró que es una mujer independiente y libre para asumir las consecuencias que podrían acarrear la “labor” de sus padres. Provocando el quiebre definitivo en la familia Jenning. Lo último que vemos de ella es que toma vodka en la casa segura que Claudia abandonó. ¿Será que se queda ahí para siempre, volverá a su actividad rutinaria como espía o tendrá una vida normal? nunca lo sabremos.

Finalmente Elizabeth y Phillip llegan a Moscú. Impactados con la evolución de una Rusia que no han visto hace más de 20 años. Convenciéndome de que sus hijos ya están grandes, se pueden cuidar solos y optando por un nuevo comienzo en su país natal. Es el final redondo para más de 6 temporadas.

Sé que la familia Jenning se volverá a juntar en algún momento. Sé que, probablemente, Elizabeth y Phillip no volverán a pisar suelo americano nunca, pero también sé que volverán a pisar suelo americano ocupando sus identificaciones falsas y una que otra peluca. Hoy le digo adiós a The Americans, una de las mejores series de la década. Terminó en su ley, no hubo muertes, pero sí un quiebre que deja ese sabor agridulce. Siempre elegante, siempre distinguida, siempre entretenida.