Daredevil

[REVIEW TEMPORADA 3] No fue suficiente con rezar: la insurreción de ‘Daredevil’.

En 2015 Netflix presentó la historia de Matt Murdock, un abogado que cuando chico perdió la visión luego de verse involucrado en un accidente de tránsito en el que se derrarmaron grandes cantidades de desechos químicos. Con un padre boxeador que fue asesinado por mafiosos que habían apostado en su contra, Murdock fue criado en un hogar religioso para menores, donde Monjas y Dios fueron sus principales guías.

Uno de los principales logros del primer programa de Marvel en la plataforma streaming, fue el establecimiento de bases sólidas para contar una historia que podía sacarle mucho partido a la plataforma. Dejando de lado la parafernalia de las películas de superhéroes, y centrándose en la creación de personajes e historias concretas y profundas, Daredevil se convirtió en un producto del gusto de moros y cristianos.

Durante gran parte de su vida, Matt Murdock estuvo en un círculo que le motivó a hacer lo mejor que pudiera para ayudar a otros. Su labor de abogado destacó siempre por priorizar el asesoramiento a personas que rara vez podían pagar (con plata), mientras que su vida nocturna se centró darle una mano a los que quedaban fuera del paraguas de la justicia penal. En este sentido, durante esos primeros trece episodios se le vio católicamente convencido de sus actos. Si bien ser Daredevil le generaba un tortuoso remordimiento, no matar seguía siendo un mandamiento inquiebrantable.

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En la segunda temporada (2016), sin embargo, aparece la primera fisura en sus tablas de la ley. La inclusión de Frank Castle (The Punisher), determinado en asesinar a los mafiosos involucrados en la muerte de su familia, hace que nuestro héroe comience a replantearse las normas que delimitan su forma de actuar. El personaje interpretado por Jon Bernthal no tiene problema en matar a quienes le quitaron la vida a otros, porque sabe que implica un bien mayor; mientras que, en la otra vereda, el religioso superhéroe de a poco nota que poner a Wilson Fisk en prisión sólo hizo que surgieran nuevas pandillas que querían su lugar.

Tener a la vista los límites a los que podía llegar, hicieron que Matt optara por compartir su secreto y dejarse aconsejar por quienes le rodeaban. Lo interesante de este proceso, es que vemos cómo pasa de la determinacción a la adicción. Al inicio de The Defenders (2017) el personaje de Charlie Cox está retirado del vigilantismo, sus únicos amigos (Foggy y Karen) le recuerdan constantemente lo bien que le hace vivir solamente de día, aunque no por eso no le preguntan si extraña salir a hacer justicia con sus manos. A lo largo del programa grupal la dinámica del adicto aumenta paulatinamente, llevándolo a botar las barreras éticas para dejarse llevar, totalmente, por una autodestructiva pasión.

Es con todos estos antecedentes que llegamos a la nueva temporada, donde Matt Murdock deja su espacio a Daredevil. Como cualquier adicto, las consecuencias de sus actos hacen que el personaje de Charlie Cox se encuentre en un deplorable estado físico, que incide incluso en sus habilidades mejoradas; mientras que a nivel personal, estamos ante un individuo que se encuentra en pleno proceso de reconstrucción.

Luego de su muerte, la resurrección de Daredevil lo aleja del cielo para acercarlo aún más al infierno. Durante la segunda temporada del programa, Matt llegó a un punto clave en su maduración religiosa: la duda. Cuestionarse la veracidad de lo que guió sus comportamientos desde siempre lo empujan a llegar al punto de decisión, uno donde se reafirma la fe o se opota por un camino nuevo. En la nueva temporada vemos a un Daredevil que se inclina por el camino propio, sin un Stick que le entrene físicamente ni a un Dios que le diga hasta qué punto llegar.

Al encontrarse en esta dinámica de reiterpretación de las normas sociales, en la que lo que estaba «bien» dejar de ser significativo, el Diablo Guardián comienza a cuestionarse el peligro real que Wilson Fisk implica para la ciudad. Lo sigue considerando un tipo peligroso, pero ahora más que nunca duda qué tan diferente es con su principal némesis.

En resumen, la nueva temporada de Daredevil aprovecha la sólida base que armó hace unos años para mostrar al protagonista en su momento de mayor maduración. Sin deberes sociales que lo amarren a un comportamiento determinado, el personaje de Charlie Cox se encuentra ante su prueba más importante, definir realmente quién quiere ser: Matt Murdock, o Daredevil.

En el proceso le acompañarán los mismos de siempre, pero cada uno con un vía crucis que los tiene en lugares muy diferentes a los que estaban cuando los conocimos. Foggy Nelson con una maduración brindada por el éxito laboral y la seguiridad personal, una Karen Page entregada a su vida periodística y aburrida de mendigarle cariño a Matt, y un Wilson Fisk que saca lo mejor de su apática genialidad para retomar el control de Hell’s Kitchen.

La segunda temporada de Daredevil se preocupó mucho de las luces y renovarse en el éxito. En teoría lo logró, pero tuvo que sacrificar la profundidad que se tiene cuando la historia es lo más importante. Sin embargo, los seis capítulos que Netflix nos permitió ver demuestran que, al igual que su protagonista, el programa vuelve a sus orígenes para reinvtarse y dar su salto más importante.

La tercera temporada de Daredevil ya está disponible en Netflix.