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[REVIEW TEMPORADA 3] El último ciclo de «Dark»

Hablar de Dark es difícil. En primer lugar porque es una serie detallista, por lo que explicar y transmitir lo que genera, sin entrar en momentos específicos, complica su recomendación. En segundo lugar, porque a nivel superficial es compleja, de seguir y ordenar. No es imposible, pero implica bajar un par de cambios, verla con calma y concentración, para ordenar los acontecimientos que se muestran y las causas y consecuencias que se les asocian. Y en tercero, porque a nivel más profundo, es una serie que discute sobre la existencia, sus implicancias y posibilidades; pero lo hace en serio, desde la filosofía y la ciencia, ejemplificando lo que, durante años, el humano ha especulado a nivel teórico.

Sin embargo, todas esas dificultades son las que transforman a la producción alemana en algo a destacar. Porque como todo lo interesante, todo lo que vale la pena, es difícil. A diferencia de muchos de los programas que vemos hoy en día, este no nos la deja fácil, deposita un grado de responsabilidad a quienes la vemos, y no sacrifica la historia que quiere contar para llegar a más público. Porque si es captar audiencia por captarla, eso se puede lograr de muchas maneras en las que el argumento se hace irrelevante. Y es por eso mismo que se agradece cuando se recuerda que, por más comercial que sea una creación, al final del día su objetivo sigue siendo contar una historia.

Con el último ciclo ya finalizado, descubrimos que la historia es mucho más grande de lo que sus protagonistas y espectadores pudimos imaginar en un principio. En retrospectiva, con las tres piezas de la triqueta a la vista, entendemos que la narración partió en un elemento específico para ir creciendo, no solo en los detalles que incorporaba o en la calidad de la producción, sino que también en los alcances filosóficos que traían consigo las situaciones que se nos presentaban.

El final de Dark podría haber sido malo, ya sea por sentir la presión de las expectativas, como por ese elemento, completamente sorpresivo, que incorporaron al final de la segunda temporada. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro interfirió en la creación de un cierre profundo, real, y por sobre todo, satisfactorio.

A partir de este punto, detalles y spoilers de la temporada final de Dark.

En primera instancia, la incorporación de «otros» mundos parecía algo extraño, externo y completamente innecesario. Hasta ese punto, lo central en el programa habían sido los viajes en el tiempo y los loops infinitos, por lo que agregar la idea de tierras paralelas disparaba la historia hacia el sci-fi puro y duro; y si bien siempre se le pudo encasillar en ese género, su nivel de verosimilitud hacía que muchas veces lo olvidáramos. Sin embargo, en la recta final del último episodio descubrimos la razón de su existencia y su rol dentro de la pintura completa.

La temporada comienza presentándonos el «otro» mundo, aquel donde Mikkel nunca viajó y por lo tanto Jonas nunca nació. Lo primero que salta a la vista es la idea de espejo, en la casa de los Kahnwald las camas, puertas y escaleras están en lados opuestos a los que estábamos acostumbrados a ver; a Helge le mutilaron el ojo en vez de la oreja, Franziska es la sordomuda y no Elisabeth; y así suman y siguen los detalles. Sin embargo, en el nivel de lo abstracto también se da; principalmente con el surgimiento de Eva, la versión anciana de una Martha que, al igual que Adán, se transformó en alguien controlador y manipulador; que no duda en hacer sacrificios para mantener el orden establecido, provocando dolor en su versión más joven para empujarla hacia el camino por el que ella pasó.

A medida que avanzan los capítulos, y se sabe más de uno y el otro, se entiende que la existencia de esta otra realidad es lógica. En ambos ocurre el apocalipsis. En ambos surge una figura de niveles bíblicos. En ambos el tiempo es amo y señor de la vida de quienes lo habitan. Incluso las diferencias medulares, que Adán quiera «deshacer el nudo» y Eva mantenerlo, son las dos caras de una misma moneda que sus habitantes nunca podrán ver. Sin embargo, no es hasta que se revela la última punta de la triqueta que todo adquiere un real sentido.

Como si el programa no nos hubiese sorprendido lo suficiente, la revelación de que ambos mundos nacieron a partir de uno «original», donde el intento del doctor Tannhaus por viajar en el tiempo terminó en una división de la realidad, termina de comprobar lo que les decía en un principio: Dark inicia con la cámara en una pequeña esquina para avanzar hasta mostrarnos la pintura completa.

Ante la iluminación final, el haber comido del fruto del conocimiento que se destaca desde el inicio del opening, Dark aborda por última vez una existencialista duda sobre lo que entendemos por realidad, aunque lejos de proponerla como una creación computarizada (que es bastante común), la plantea como el nacimiento de un error que, durante ciclos infinitos, termina colapsando en sí mismo.

El cierre al último ciclo de Dark es natural y orgánico, tal como fue el viaje completo. No evade que la única forma de romper el ciclo sea evitar que inicie, aunque eso implique que todos a quienes conocimos en los últimos años dejen de existir. Y a pesar de lo doloroso que pueda ser para Jonas y Martha afrontar que no son reales, e incluso que esa «falsa» existencia desaparecerá, es esto mismo lo que termina de comprobar que su amor es completamente verdadero, único y significativo. Que son el error en la mátrix. Que lejos de tratarse solamente de palabras, realmente fueron hechos el uno para el otro.

Y me parece que eso es lo mejor del cierre, el equilibrio. Que en vez de enfocarse en lo angustiante que es descubrir la propia «no existencia», se cuelga de lo mismo para realzar las implicancias positivas de aquello. Esto se complementa en la escena final, cuando Hannah comenta su sueño, donde a pesar de morir, sentía calma, libertad y por sobre todo, tranquilidad. Y aún así se nos recuerda en el final que, a pesar de que las cosas no ocurran como las conocemos, no quiere decir que no vayan a ocurrir del todo.

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La última temporada de Dark es expositiva, nos muestra cómo el ciclo va llegando a su final y cuáles son los destinos que tienen los personajes. Cómo las piezas faltantes se van acomodando y sobre todo cómo, finalmente, Jonas termina transformándose en Adán.

Vemos una y otra vez cómo se materializan las esencias de las frases que guían cada temporada: que el tiempo es una ilusión; que inicio y final son dos palabras para referirse a lo mismo; y que podemos hacer lo que queremos, pero no decidir lo que queremos. Es por esta última que los ciclos de Adán y Eva se perpetúan eternamente, y es también por lo mismo que un componente externo a ellos, Claudia Tiedemann, es el que finalmente permite que se rompa el infinito (o se complete la triqueta).

Como decía en un principio, el final de Dark podría haber fallado por muchas razones. Caerse de muchas maneras. Pero la verdad es que nunca hubo indicadores que justificaran esas dudas. Mantuvo la capacidad narrativa tanto en términos comunicacionales como argumentales. Creó una identidad a partir de su fotografía y definió el ambiente gracias a una banda sonora certera, profunda y apocalíptica. Mantuvo la coherencia (al menos a simple vista) a pesar de irse llenando de detalles. En definitiva, propuso una forma de interpretar la realidad que fue argumentando, satisfactoriamente, a lo largo de 26 episodios.

Dark fue una obra de arte. Un libro de filosofía. Un relato de esos que, irónicamente, trascenderán en el tiempo.

¿Dónde ver Dark?

La serie está, de manera íntegra, en Netflix.