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[REVIEW] El escurridizo y encantador asesino de ‘La Serpiente’

Con el repaso de La Serpiente, una nueva miniserie disponible en Netflix, nos remontamos a los años setenta, pero también a principios de este año: para ser exactos, nos remontamos al primero de enero, un día tradicionalmente festivo en la BBC con al menos un episodio especial de una de sus series estrella. En este caso, además de la estrategia mencionada anteriormente, la cadena principal británica también emitió el primer capítulo de la miniserie, para luego poner a disposición todos los episodios juntos en la plataforma iPlayer. Se trata de una estrategia híbrida que están adoptando otros países y que ha permitido al público nacional disfrutar de una experiencia similar a la de Netflix con unos tres meses de antelación, antes de que el programa estuviera disponible a nivel mundial. Y tal vez sea el título adecuado para ese tipo de experiencia, dada la popularidad de los asesinos en serie y del género de crímenes reales entre los espectadores de maratones, ya sean documentales o transposiciones de ficción.

Así que aquí estamos ante La Serpiente, la verdadera historia de Charles Sobhraj, un estafador y asesino francés de madre vietnamita y padre indio. Con problemas con la ley desde su infancia, la miniserie lo muestra cuando estaba huido, armado con una docena de pasaportes diferentes y con la estafa preparada para mantener un estilo de vida que era de todo menos modesto. En ese contexto también se entregó al asesinato, pero más por necesidad que por un verdadero impulso psicopático, aunque casi seguro que tenía algún trastorno: tras los sucesos relatados en estos ocho episodios se convirtió en una celebridad, con un narcisismo que le acompañaba y que le llevó no sólo a vender los derechos de su propia historia por varios millones de dólares (en estos momentos hay al menos tres documentales sobre sus sucesos, y también una película de ficción realizada en la India en 2015), sino también a viajar a Nepal, donde aún se le buscaba, quizá para conseguir más atención sobre su persona, algo realmente conseguido porque una vez que puso un pie allí, en 2003, fue detenido, juzgado y condenado a cadena perpetua. Una figura fascinante y perfecta para la pantalla, en otras palabras.

El planteamiento de la miniserie es muy concreto: se trata de los años 70 y se centra estrictamente en los asesinatos de esa época, sin detenerse demasiado en las décadas posteriores. Hay algo de Michael Mann en la persecución a distancia que se produce entre Sobhraj (Tahar Rahim) y el diplomático holandés Herman Knippenberg (Billy Howle), cuya investigación sobre las muertes violentas de compatriotas le lleva tras la pista del llamado Asesino del Bikini (muchas de las víctimas iban en traje de baño). La dirección de Tom Shankland (que ya ha firmado episodios de Iron Fist y The Punisher para Netflix) es muy eficaz a la hora de recuperar el ambiente sórdido de la época, y el trabajo de reconstrucción es aún más impresionante teniendo en cuenta el contexto de la producción: debido a la emergencia sanitaria, solo se rodaron algunas escenas en los países reales en los que actuaba Sobhraj, concretamente en Tailandia, mientras que el resto (India y Francia) se recreó, tras el cierre, en Inglaterra, al norte de Londres, para sortear las restricciones de viaje. El efecto es impecable, devolviendo un peligroso exotismo fiel a las convenciones del género y a la estética de la época.

La Serpiente es otra serie sobre el modus operandi de un asesino serial que puede cautivar a los seguidores más acérrimos de este tipo de producciones. Una serie que no destaca particularmente en otras que ya se han visto, pero que logra mantener la tensión de una buena producción que solo la BBC puede lograr.

¿Dónde ver La Serpiente?

La serie está disponible en Netflix.