[REVIEW TEMPORADA FINAL] ‘Atypical’ (Netflix): El bonito adiós a los Gardner

Entre las filas de las producciones seriadas de Netflix, desde el punto de vista narrativo, la de Atypical es la más coherente y homogénea. En su cuarta temporada, Ya estrenada en Netflix, la operación que ha colocado a un niño con autismo como protagonista y ha mostrado sus formas de adaptarse y entrar en la vida llega a su fin definitivo, despidiéndose de la historia y de la familia del joven Sam.

Lo que más sorprende es la plenitud que esta serie logra demostrar en su cuarta temporada, a pesar de que el motivo de su conclusión fue impulsado desde arriba. De hecho, Atypical fue incluida en la lista de aquellas series excluidas de las renovaciones de Netflix, lo que obliga a que esta temporada actúe como la coda final del crecimiento de Sam y sus personajes secundarios. Una consecuencia que ha influido en gran medida en la dirección que ha tomado la showrunner y creadora de la serie Robia Rashid. Un objetivo que la guionista consiguió conquistar, haciendo de esta conclusión una excelente forma de dar una visión definitiva del camino emprendido por Sam, permitiendo al espectador maravillarse con los cambios y logros del protagonista.

Después de haber dado una serie de pasos como entablar una relación con una chica, matricularse en una universidad lejos de casa y decidir mudarse a su propio departamento, ha llegado el momento de que Sam (Keir Gilchrist) se enfrente a otro gran reto, quizá el más anhelado. Decidido a dar por fin forma a su pasión por los pingüinos, teniendo que entender lo que realmente quiere ser y hacer en la vida, ha llegado el momento de que el chico vaya a los territorios helados de la Antártida, un lugar que siempre ha estudiado y que le ha acompañado durante toda su vida. Una dedicación que el joven quiere finalmente convertir en realidad, a pesar de las miles de pruebas que le esperan en la preparación y el entrenamiento que le servirán tanto para su viaje como para el resto de sus días. Si a Atypical hay que reconocerle esa sensación de satisfacción que toda la serie consigue dar al final, también hay que subrayar el tono constante que el producto ha sabido mantener desde su primer episodio.

Una perpetuación que, en otros casos, podría confundirse con desidia, con falta de avance, pero que para la serie de Robia Rashid significa no sólo haber sido capaz de tratar con extrema dulzura un tema como el autismo durante toda su duración, sino también haber dado esa sensación de cuidado a su público. El hecho de que haya mantenido un ambiente acogedor en el que se puede confiar; esa puerta del hogar Gardner que siempre ha permanecido abierta para dejar entrar al espectador y hacerlo parte de su familia.

Aunque Atypical se ha presentado como una serie centrada en la discapacidad de su protagonista, ha permitido que todos los personajes se expresen y maduren junto a la historia de Sam, y en la cuarta temporada, esta libertad parece aún más expandida, hasta el punto de que nos preguntamos quién es ahora realmente el centro de la historia. Un protagonismo que, si bien no destrona a Sam, la propia Casey parece haber adquirido en virtud de un argumento íntimo y personal, construido en torno a un camino de cambio y autoconocimiento que explora la ansiedad de crecer y ser capaz de reconocer su propio yo en voz alta.

Con su cuarta y última temporada, Atypical demuestra ser una serie coherente y homogénea. Un producto que, desde sus inicios, ha presentado una ternura infinita, con la que ha contado tanto el autismo del protagonista Sam, como las dificultades y alegrías de todos los demás personajes. Una dulzura que se reconfirma también con su conclusión, cuando a estas alturas todos son protagonistas y el camino más interesante lo representa la trama del personaje de Casey, entre el crecimiento y el reconocimiento de sí mismo. La puerta está siempre abierta para Sam y la familia Gardner, listos para un viaje a los territorios antárticos.

¿Dónde ver Atypical?

La serie está disponible en Netflix.