Oscuro Claro

A nadie le gusta envejecer. A nadie le gusta la sola idea de que un día, inevitablemente, tendrá que suceder. Y como muchas cosas que no nos gustan nada, tendemos a bromear con ello. Para reírse de ello con ironía, para restarle importancia a ese ocaso de la vida al que todos estamos destinados, en el que la única forma de luchar contra el avance de la edad es exorcizarla al máximo. Por eso, jóvenes o mayores, los espectadores han empatizado con The Kominsky Method desde el principio.

Desde la primera temporada, estrenada en Netflix en 2018, el público no pudo evitar beneficiarse de las bromas y travesuras de los dos ancianos protagonistas, un Michael Douglas en el papel de un actor-profesor que sigue esperando su gran oportunidad y un Alan Arkin muy famoso agente de un Hollywood del que representa a algunas de las mayores estrellas.

Es una forma de vencer a la muerte, al ritmo de bromas lanzadas a la próstata del otro, para un dúo de comediantes que ganó un Globo de Oro a la mejor serie de comedia o musical en 2019 y que vio al propio Douglas ganar uno en la categoría de mejor actor protagonista. Ahora que la última temporada ha aterrizado en Netflix, es hora de averiguar si la serie ha envejecido como el vino, o no.

La siempre activa y chispeante superintendencia de Chuck Lorre permite, sin duda, que The Kominsky Method no tenga que preocuparse por algunas contradicciones internas de la historia o por cambios repentinos en los comportamientos y las relaciones entre sus personajes. Esto, sin embargo, revela una especie de esquizofrenia que se pone de manifiesto en la tercera temporada que, si bien lo compensa con la habitual alegría de la serie, todavía velada por una apremiante sensación de muerte, no puede remediar las incoherencias de la historia y cómo son percibidas entonces por el espectador.

Si la segunda temporada de la serie nos dejó con el Sandy Kominsky de Michael Douglas a punto de salvarse para vencer un cáncer de pulmón, en el arranque de la siguiente el mal sólo se menciona y ya está erradicado, para verlo sustituido por un sufrimiento íntimo e insuperable: el de la muerte de su amigo Norman (Arkin). También es cierto que, en los últimos episodios de la temporada anterior, el personaje de Nancy Travis, Lisa, había descubierto por enésima vez que Sandy Kominsky no era de fiar; intentaba ocultarle su mancha pulmonar.

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Pero excluir por completo al personaje de la mujer en la última temporada contribuye a esa sensación de desorientación que la serie genera una y otra vez, salvándose cada vez por la habilidad de su protagonista, culpable sin embargo de una superficialidad en su construcción que no se corresponde con la profundidad de su contenido.

Una discrepancia más que también se aprecia en la transformación de Phoebe por la actriz Lisa Edelstein y su hijo interpretado por Haley Joel Osment. Un camino que, en la tercera temporada, cambia por completo respecto al que el personaje de la hija de Norman había emprendido anteriormente, casi anulando el propio argumento de la mujer y empobreciendo su presencia dentro de la trama.

La tercera temporada de The Kominsky Method está tan cansada como sus personajes. Tropieza y resbala varias veces, sobre todo a la hora de tener que mantener una coherencia narrativa y centrarse en los personajes. Pero en cualquier caso, como toda la serie, este capítulo final muestra la ironía natural de la que siempre ha hecho gala el producto de Chuck Lorre, con un Michael Douglas de nuevo perfecto en el papel de su actor-profesor Sandy Kominsky.

¿Dónde ver The Kominsky Method?

La serie está disponible en Netflix.

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