[REVIEW] ‘Midnight Mass’ (Netflix): El fanatismo mata

Las formas de Mike Flanagan son tan impenetrables como siempre. Después de aterrorizar a los suscriptores de Netflix con The Haunting of Hill House (en 2018), y luego con su continuación, Bly Manor (en 2020), el director estadounidense vuelve a demostrar que sabe filmar la oscuridad como nadie. Renunciando a los fantasmas y a las casas encantadas (esta vez no hay espectros ocultos en el fondo), Flanagan se enfrenta a lo religioso, en una parábola tan hechizante como macabra sobre el fundamentalismo, el fanatismo y, en general, la desviación del catolicismo. Misa de Medianoche (Midnight Mass) se estrena en Netflix y sin duda será un evangelio para los próximos años.

Estamos en Crockett, una pequeña isla ficticia frente a la costa de Estados Unidos, azotada por los vientos, donde viven un puñado de pescadores y sus familias. Un pueblo obrero en plena decadencia, arruinado por una marea negra, que ya no cree en casi nada. Es a este remanso de miseria al que regresa Riley, tras haber quemado su vida por los dos extremos en el continente, hasta el punto de matar accidentalmente a una joven. El treintañero, recién salido de la cárcel, se encuentra con su propia conciencia y ha vuelto a casa de sus padres, al pueblo donde creció, el pueblo del que quiso escapar desde su juventud y que ahora parece ser su futuro. Como él, la Isla Crockett es errante. Pero la isla Crockett está a punto de tener una nueva vida. Un joven sacerdote llega para hacerse cargo de la pequeña iglesia de San Patricio, abandonada por sus fieles. Y hará milagros…

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Cuando se sabe que Mike Flanagan fue un monaguillo que creció en Salem (sí, la ciudad de las brujas de Massachusetts), se entiende por qué Midnight Mass es su proyecto más personal hasta la fecha. El especialista en terror sofisticado se adentra aquí en un territorio religioso mucho más íntimo. Menos espectacular que Hill House o Bly Manor, su nueva serie de Netflix es una verdadera reflexión filosófica sobre la fe y lo que todos elegimos creer, en un momento u otro. Con una rara ambición teológica, Misa de medianoche suena sobre todo como una advertencia contra el extremismo religioso o cualquier forma de fanatismo. Pero también ofrece una profunda reflexión sobre la Iglesia católica y cómo aún hoy lucha por hacerse oír. La frase del sheriff del pueblo, un musulmán, suena como un resumen del pensamiento de Flanagan. Cuando el devoto diácono local empieza a repartir Biblias a los niños de la escuela pública, suelta un pensamiento y explica:

«Eso sí, los musulmanes creen en Jesús, pero creen que Jesús fue un profeta de Dios. También creemos que después de la época de Jesús, debido a la intervención humana, la gente ha alterado su mensaje.»

El miedo crece lentamente en esta serie, que rara vez sale del territorio de la mera tensión: ¿se siente la falta de un horror más manifiesto? Por lo que a nosotros respecta, en absoluto, una vez que las historias de los habitantes de la isla Crockett -y el misterio que gira en torno a la figura del padre Paul y la criatura que trajo consigo a la isla- cobran vida, es muy difícil abandonar el visionado.

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MIdnight Mass que se mira con fascinación. Es hermoso. Pero también es agotador. Porque Mike Flanagan tiende a escucharse a sí mismo hablar. Como un evangelista, multiplica los discursos enfáticos, los diálogos grandilocuentes sobre la vida, la muerte, la fe: «Y tú, ¿qué crees que hay después de la muerte?», le pregunta Erin a Riley junto al fuego. Lo que sigue es un intercambio de casi 20 minutos, de interés bastante limitado. Cada línea no es esencial. Y a menudo pensamos, durante estos (larguísimos) episodios -que a veces se acercan a 1h10-, que Mike Flanagan ha sido un poco ligero en el montaje. Extraordinariamente habladora, esta Misa de Medianoche casi se convirtió en un profundo aburrimiento. Esta es una serie que se toma su tiempo para ponerse en marcha, para expresar todo su potencial, confiando en la capacidad del espectador para esperar hasta las grandes emociones (y revelaciones) de los últimos episodios. Incluso en este caso, el final nos deja un poco con la boca amarga -no porque nos haya decepcionado, al contrario, lo encontramos extremadamente coherente y cierra perfectamente los distintos arcos narrativos que se habían abierto- sino simplemente porque no nos sentimos preparados para dejar la isla y sus habitantes tan pronto.

Midnight Mass es la obra más personal de Flanagan, la más original y la más orgánica. No estamos ante una nueva Hill House, sino ante una historia que hace del terror subterráneo su seña de identidad estilística, pintando el inexorable descenso a los infiernos de una minúscula comunidad americana que atraviesa una fase de decadencia y encuentra en una fe degenerada el motivo para renacer. La dialéctica de los contrastes encuentra en la introspección de los personajes la clave para declinar los temas y valores de la historia y en esto Flanagan se confirma como un maestro, así como en la medida dirección que sigue la estela fibrilante de la narración, en una coreografía que emociona y sorprende, dejándose admirar en su totalidad y plenitud.

¿Dónde ver Midnight Mass?

La serie está disponible en Netflix.