Oscuro Claro

La promesa entre Tomorrow Studios, Netflix y el público es difícil de cumplir. El gigante del streaming y el personal de producción han estado trabajando, en los últimos años, en una de las adaptaciones de acción real más difíciles, ambiciosas e insidiosas que se conocen en el panorama del entretenimiento: la de tomar una obra maestra de la animación japonesa que responde al nombre de Cowboy Bebop y llevarla a la vida en un proyecto que incluye no sólo actores de carne y hueso, sino también un enfoque creativo totalmente occidental. La curiosidad y el hype, pero al mismo tiempo los temores y las dudas, hacia una obra así hablan por sí solos -y sin siquiera molestar nuestra revisión del live-action de Death Note, casi un acto blasfemo que los fans difícilmente perdonarán a Netflix.

Sin embargo, mes tras mes, la serie de televisión protagonizada por John Cho fue tomando forma, los personajes principales empezaron a mostrarse y algo en la mente del público empezó a cambiar. Desde las primeras imágenes de Cowboy Bebop, Netflix prometió a los fans una fidelidad sin límites al material original, una adaptación que -bajo la supervisión directa de Su Majestad Shin’ichiro Watanabe, el creador de la serie de anime- parecía gritar amor incondicional a la inolvidable atmósfera de la primera obra.

El alma de este Cowboy Bebop queda clara desde los primeros minutos de visionado, cuando vemos a Spike Spiegel y Jet Black, dos salvajes cazarrecompensas que viajan por el espacio, desarticular una banda de delincuentes con el objetivo de embolsarse una gran suma de dinero tras cobrar la recompensa por sus cabezas, para así respirar tranquilos y pasar un tiempo en paz antes de volver a encontrarse en la ruina.

Cowboy Bebop en formato live-action, de hecho, opta por seguir y desandar la trama horizontal y vertical de la obra de Watanabe, pero operando al mismo tiempo una contaminación narrativa obediente y necesaria: y así personajes, eventos y sucesos, aunque no se repitan de forma completamente fiel a la aventura original, se ponen bajo una nueva luz, en un juego que pretende intercambiar los aditamentos con el objetivo de que el resultado final permanezca inalterado. Pero este no es exactamente el caso.

El problema de este Cowboy Bebop es que la condensación narrativa da lugar a una escritura confusa y no perfectamente enfocada. Justo en los momentos en los que la obra de acción real se desprende del original, convirtiéndose en algo independiente y a la vez paralelo a la contraparte animada, afloran todas las fragilidades de un guión, que no dosifica lo suficiente los momentos de patetismo, y en algunos casos intenta reescribir o profundizar en la naturaleza de algunos personajes.

Las preocupaciones estilísticas también van acompañadas de un aspecto de producción controvertido. Tomorrow Studio ha realizado un excelente trabajo en los escenarios espaciales y especialmente en los decorados digitales, dando vida a varias vistas impresionantes durante las travesías galácticas o en los amplios campos, mostrándonos escenarios muy amplios, coloreados y caleidoscópicos con un gusto exquisitamente cyberpunk. Pero es cuando la cámara nos baja a la tierra, siguiendo las historias de los protagonistas, cuando afloran los límites de un presupuesto que quizá debería haberse repartido mejor entre la reconstrucción virtual y los decorados: todo, desde la iluminación hasta la fotografía, pasando por algunos trajes, grita amor incondicional por la obra original, pero al mismo tiempo no se ajusta realmente a los estándares de producción que exige el público.

John Cho, Mustafa Shakir y Daniella Pineda dan vida al trío con simpatía y talento, proporcionando una buena contrapartida de acción real de los tres inolvidables héroes del anime de Watanabe. Y se apoyan, durante gran parte de la historia, en el acompañamiento musical de la única, original e inimitable Yoko Kanno, en una banda sonora que es sin duda (desde el tema de apertura hasta las composiciones orquestales) el gran -quizá único- valor añadido del live-action de Cowboy Bebop.

El Cowboy Bebop de Netflix es, sin duda, una de las transposiciones de acción real más interesantes de un anime, al menos en lo que respecta al andamiaje estético. Es un producto que tiene corazón y estilo, pero que desvirtúa sus fluctuantes valores de producción y tropieza con demasiada frecuencia en una escritura controvertida y chapucera, convirtiendo a personajes inolvidables en meras maquetas paródicas. Este live-action, más que una space opera empapada de noir en salsa de western que debería reflexionar sobre el sentido de la nostalgia y la inevitabilidad del destino, es una irreverente y exagerada película de serie b, una pulpa agradable y divertida que desgraciadamente no consigue ser algo más. El saludo final a Spike, Jet y Faye es siempre el mismo, pero esta vez velado con un toque de amargura: «Nos vemos, vaquero del espacio».

¿Dónde ver Cowboy Bebop?

La serie está disponible en Netflix.

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