Oscuro Claro

Ahora que Occidente se ha dado cuenta, por fin y definitivamente, de la existencia artística de Corea del Sur, cualquier nueva oportunidad es válida para dirigir los focos hacia las películas, las series de televisión y, en general, hacia los productos del estado asiático. Parasite y Squid Game han marcado la pauta, también y sobre todo para entender el porqué de la obra de los distintos autores, muchos de los cuales están estrechamente vinculados a la misma ola (la llamada Hallyu). El punto de partida parece ser siempre el mismo: la alteración de las reglas civiles normales, que genera monstruos imposibles de gestionar y controlar.
Un taco con un fuerte valor político, teniendo en cuenta que en Corea hay una fuerte lucha de clases y que no existe un verdadero bienestar capaz de salvaguardar a las clases más pobres. Hellbound, la nueva miniserie de Netflix creada y dirigida por Yeon Sang-ho, que ya está detrás de la cámara por la trilogía de zombis Train to Busan (2016), Seoul Station (2016) y Península (2020). Se trata de una ampliación de una obra ya existente, concretamente el webtoon El infierno (2002), también escrito por Yeon e ilustrado por su compañero Choi Kyu-seok.

¿Qué pasaría si los ángeles empezaran a aparecer, diciéndole a la gente la fecha y la hora exacta en que morirán y serán arrastrados al infierno? La situación que abre la serie es bastante impresionante y cautivadora: mientras la gente está bebiendo en un bar un día cualquiera de noviembre («Ese día, era un día como cualquier otro»), un hombre mira fijamente su teléfono. Cuando el reloj marca la hora señalada, tres criaturas gigantes atraviesan la pared, persiguen al tipo por una calle muy transitada y lo golpean hasta la muerte delante de cientos de espectadores. Por supuesto, todo queda grabado en vídeo, se sube a las redes sociales y se hace inmediatamente viral.

Se abren abismos de interpretación: ¿se trata de un simple caso de asesinato o de un acontecimiento de origen claramente divino? El acontecimiento, que hace enloquecer a los medios de comunicación y a la prensa, es inmediatamente montado por el joven líder de una secta religiosa (la Nueva Verdad), que afirma que sólo los pecadores están destinados a la condenación y que estos acontecimientos representan la voluntad trascendente de devolver a los seres humanos al buen camino. En este punto la serie toma una curiosa ruta detectivesca y criminal, dedicándose casi por completo al atormentado detective Jin. Con todas las consecuencias lógicas del caso: ¿es posible investigar las acciones de Dios de forma racional y empírica?

Hellbound intenta explorar temas socioculturales estimulantes para el público coreano, pero universalmente referibles a un «sentimiento común» de toda la humanidad contemporánea. Los 6 episodios abordan -entre otros- el tabú de la religión con fines de lucro, el apetito público por la violencia exhibido con minuciosidad (también hay un youtuber hiperbolizado y desquiciado) y el progresivo auge del puritanismo histérico. Es un retrato que desafía la credibilidad, pero especialmente en la segunda parte (con un salto hacia adelante de 6 años) es bastante inquietante y plausible.

Aquellos que ya estén familiarizados con el director Yeon encontrarán aquí una agradable confirmación de su modus operandi: el ritmo es a menudo medido y delicado, prestando especial atención a los personajes y a la profundización de sus vicisitudes humanas. Los personajes en juego, justamente afligidos y confusos, se debaten entre su moralidad y su mortalidad y, a pesar de algunos deslices (sin caer en el más siniestro de los spoilers, uno podría, por ejemplo, sentirse defraudado por el epílogo de la historia, con «gancho» anexo para una posible segunda temporada que vuelve a barajar las cartas) el conjunto merece la pena verse sobre todo por las dudas éticas que plantea, más que por las manifestaciones sobrenaturales -un poco horteras y estéticamente burdas- de los tres demonios y sus masacres.

¿Dónde ver Hellbound?

La serie está disponible en Netflix.

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