Richard Castle es conocido por ser un escritor de novelas de misterio, las cuales se han convertido en bestseller, lo que lo ha hecho acreedor de un lugar importante dentro del círculo de escritores. Ese estatus lo lleva a tener una reunión con el escritor Stephen King. Lo que él no sabe es que ese encuentro lo llevará a formar parte de un curioso experimento. Por otro lado, nos encontramos con el caso de esta semana: la víctima, Emma, es una periodista que tenía un prometedor futuro, antes de ser encontrada muerta en su departamento. En dicho lugar encontramos un extraño símbolo que dejó el asesino como marca, lo que podría tener implicancias con lo que suceda con nuestros protagonistas en el capítulo.

Como ya señalamos, en el episodio de esta semana Rick queda de reunirse con Stephen King para conversar sobre una posible colaboración. Para sorpresa del protagonista, éste se encuentra en un edificio que no da buena pinta y de pronto despierta en lo que parece ser una sala de clases de primaria junto a otras tres personas que jamás ha visto. Para variar, Castle ha sido secuestrado, junto a los otros sujetos, sin tener idea el motivo. Tras hurgar entre las cosas del lugar encuentran un papel que da a entender que deben seguir pistas para poder salir con vida del lugar, al más puro estilo de “El juego del miedo”, sólo que en este caso no hay a una voz por alto parlante que dé las ordenes; pero sí hay cámaras que vigilan cada uno de los movimientos de los “participantes”. En este escenario la expertise de Castle calza perfecto: gracias a su bagaje como escritor de misterios está capacitado para hacer frente a las pruebas, unas más retorcidas que otras, que ha elaborado el captor para que puedan salir con vida y tratar de descifrar por qué fueron reunidos ellos ahí. El problema es que los compañeros de Castle no son tan racionales y quieren “más acción y menos bla bla”, actuando de modo impulsivo para salir de ahí a toda costa.

Lo que no saben los involucrados, es que en otra habitación de similares características se encuentran tres mujeres, dentro de las cuales está Beckett; así podemos inferir que las mujeres son pareja de los hombres secuestrados. Al percatarse de ello, los hombres notan que las mujeres se encuentran marcadas con el mismo símbolo que el homicida dejó en la escena del crimen, por lo que los secuestros están conectados al homicidio de Emma. Sin quererlo, Rick termina involucrado en el caso de esta semana y debemos ver cómo logran resolver los enigmas y así dar con el asesino.

Si bien mencioné “El juego del miedo” al comienzo de la columna para dar a entender la dinámica del capítulo, lo más preciso sería señalar que este concepto es distinto al de las películas. Se trata en realidad de un experimento que tiene bases científicas que pretende ver cómo las personas reaccionan ante situaciones de ansiedad. Por un momento se deja un poco de lado el caso de la semana, pero finalmente igual se llega a resolver el crimen.

El capítulo se plantea de una forma entretenida, dado que vemos cómo Alexis y Hawley se las arreglan para descifrar dónde se encuentra Rick, complementando la labor que desarrollan Ryan y Esposito en la comisaría. El episodio presenta, a mi juicio, 2 “peros”: el primero, es que se intuye de inmediato quién es la persona detrás de este “juego”. El segundo, el cual es más importante, es la inconsistencia entre la narrativa o “arco” de esta temporada, en particular entre el episodio anterior y este, considerando que los protagonistas quedaron de mantener su reconciliación en secreto y en este episodio se ve algo diferente a lo planteado. Claro, podemos decir que hay una situación extrema de por medio, un secuestro, pero aún así los guionistas debiesen ordenar los capítulos de un modo que le dé peso a la historia que quieren contar y que no haya contradicciones entre la misma. Es tiempo de decidir qué es lo que quieren mostrar.

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