Llegó mayo y con ello empiezan a definirse los finales de temporada de varias series en Estados Unidos. Castle no es la excepción. Ya en la recta final de la accidentada octava temporada (y sin saber si la serie será renovada para una próxima temporada) no queda más que disfrutar los momentos que a Caskett le restan en pantalla. Como dicen, sólo se vive una vez (a menos que seas Drake Ramoray, el personaje de Joey Tribbiani en Days of Our Lives).

Pues bien, el caso de la semana involucra a un actor de películas de acción: Zane Cannon, quien decide probar una nueva faceta incursionando en el teatro, particularmente en la obra Hamlet (“¡Ser o no ser! Esa es la cuestión.”, o mejor dicho, “¿Quién mató a Hamlet? Esa es la cuestión”). El problema es que durante uno de sus ensayos es asesinado con una flecha que le llega al cuello, por lo que se debe determinar quién lo mató. Las pistas del equipo llevan a determinar que podrían haber celos de su compañera de obra, quien habría terminado con él por infidelidad, pero al parecer había algo más grande de por medio.

Por otro lado, el capítulo nos entrega momentos Caskett que pronto pasarán al recuerdo. En el episodio, Beckett debe buscar la manera de sorprender a Rick en su denominada “cita semanal”. El problema es que dicho encuentro se verá arruinado por el secuestro de Rick por parte de unos miembros de una banda de narcotraficantes que, curiosamente, están vinculados con la muerte de la víctima.

Los momentos “tiernos” de este capítulo no sólo se concentran en Castle y Beckett, puesto que esta vez hay un tercer actor: Ryan (uno de los detectives) junto a su hija Sarah (premio al momento Awww! de la semana). El entusiasta policía está muy emocionado por una representación que los niños del jardín al cual asiste a su hija harán, por lo que se le ve preparando coreografías e incluso “presionando” a la profesora para que incluyan la performance ideada por él.

En cuanto al capítulo en cuestión, es entretenido (pero no al punto de llegar a la estupidez) y lo encontré mejor que los últimos dos. No es excelente, pero cumple con entregar un buen rato. Tiene algunos puntos que han de ser destacados, como el rol más protagónico que está tomando Martha, la madre de Castle, ya no sólo como actriz (es su profesión en la serie), sino como consejera (de hecho, en uno de los capítulos previos salió a la venta su libro: Unsolicited Advice). Asesora a Zane para “controlar sus demonios” y poder actuar en un drama. Me gustó que le hayan dado más pantalla, porque es un personaje chistoso. A lo anterior hay que sumarle los momentos entre Castle y El Oso, miembro de un cartel que termina por secuestrar a Rick (momento más jocoso que tenso), el que tenía ganas que el mismo Castle escribiera sobre él (¿autobiografía?, ¿guión de su propia película?).

¿El punto flojo? En las semanas previas se había anunciado con bombos y platillos que Jewel Staite (ex compañera de Fillion en Firefly) iba a ser la actriz invitada de este capítulo. El problema es que poco y nada pudimos ver de ella como directora de Hamlet (a diferencia de Summer Glau en el capítulo GDS, donde tuvo un rol protagónico). Cabe destacar que considero algo poético el hecho de que hayan presentado a Hamlet en las circunstancias en las que se encuentra la serie. En resumen, el capítulo tenía una buena historia (con dramón familiar de por medio) y buenos y carismáticos sospechosos.

En fin, no queda más que disfrutar los dos últimos capítulos en que podremos ver a Rick y Kate juntos. Quizás las famosas líneas de Hamlet “iluminen” la toma de decisión al final de temporada. Ser (Castle) o no ser (Castle) ¡La alternativa es esa!