Me demoré en escribirla. Me tomé mi tiempo para repasar el contenido audiovisual y emocional que nos entregaba una serie como esta. Traté de aislarme y dejar de lado todos los comentarios populistas, la “moda”, la gracia que era ver una serie de la que todos hablaban. Así con el tiempo y la distancia pude poner en contexto una serie como 13 Reasons Why.

Si alguien aún no la ha visto, esta serie se trata del suicidio de Hannah Baker, una estudiante de colegio que por razones que desconocemos se suicida y deja 7 cassettes con audios grabados por ella mencionando a toda la gente que le dio razones para matarse. 13 razones para matarse. 1 personaje por cada capítulo. La historia parte cuando las cintas le llegan a Clay Jensen, quien finalmente es el único que se decide a hacer algo, y de cierta forma, “venga” la muerte de Hannah, sin saber que él también fue culpable de cierta forma de su suicidio.

Esta serie nos pone en bandeja de plata el bullying como tema, para que lo tomemos como tópico central de conversación en la casa, con los amigos o la familia; para que en el colegio se hable de esto sin tapujos, sin personajes con disfraces que nos endulcen la cruel realidad. No queremos más a Don Graff hablándonos de los problemas que los adolescentes viven hoy. La serie nos plantea este tema de forma cruda, sin censura y de la forma mas brutal que podamos imaginarnos. Ahí radica lo esencial y lo que más me gusta: es que le destapa los ojos a toda la gente que cree que es un tema menor o que hay que tratarlo, pero nunca tan directo porque puede herir sensibilidades. Bueno, por ese tiempo que se están tomando, hay jóvenes matándose, enterrándose cosas y dejando crecer un odio dentro de ellos. Odio que se infunda simplemente por pelotudos que creen ser mejores personas, que creen que por tratar con mujeres pueden violentarlas, que creen ser dueños de todo porque sus papás son dueños, pero no jefes. En la dirección perfecta es donde apunta esta serie, en mostrar la vulnerabilidad de muchos jóvenes hoy y padres que no están haciendo nada, porque creen que “así son los jóvenes de hoy en día”. La serie no se guarda detalles, ni maquilla la realidad con típicos estereotipos gringos de colegio. No hay populares y perdedores. Esto no es comedia. No es Freaks & Geeks, esto es drama y bien hecho. Aquí no tapamos los problemas con frivolidades como Gossip Girl, este es un drama adolescente muy bien hecho.

13 Reasons Why destaca en la parte audiovisual por ocupar distintos tratamientos de color con justa razón. Colores más acogedores para el pasado, y mucho más deprimentes y azules para el presente. En este caso el pasado son las razones, pero el presente es el suicidio. El presente es mucho más deprimente que el pasado. Un detalle que marcó el primer capítulo, fue la cicatriz de Clay en la cabeza. Es un notable recurso para darnos a entender en qué momento estamos viendo un pasado cercano, o el presente. Con ese detalle es fácil ubicarnos temporalmente. Tema aparte es la banda sonora, una mezcla de clásicos de los ’80 con bandas de indie rock actuales hacen una amalgama perfecta entre la onda vintage que quiere representar esta serie y el drama que están viviendo los personajes dentro de la historia.

Pero tampoco quiero caer en la exageración. La serie también tiene sus lados malos, sus detalles que no la hacen una serie perfecta; de hecho, está lejos de serla. Sus conflictos gratuitos y exagerados, solo para generar una trama que se sostenga durante los 13 capítulos, demuestran la falta de drama e historias paralelas importantes. La historia predecible muchas veces aburre y deja sin ninguna sorpresa aparente en la resolución de conflictos. Sabemos quién es el malo de la historia, sabemos cómo va a terminar y sabemos qué va hacer. Eso le quita un poco de peso al clímax. Si viéramos esta misma historia dentro de un contexto británico seguro nos hubieran sorprendido con un desenlace mucho más impactante, y el tema del bullying hubiera seguido siendo un punto importante. Pero en este caso no se hizo así y se perdieron una gran oportunidad de contar una buena historia. Quizás lo hicieron para llegar a un público más joven, más reticente a las series. Una historia más simple para que el mensaje fuera entregado de forma más directa y fácil de digerir. Por ese lado es entendible, se las puedo comprar. Aún así el final de temporada me parece lo más raro de la serie: si bien se dieron el tiempo de cerrar círculos dramáticos de personajes como toda serie, en el último capítulo abrieron nuevas puertas que dejaron historias colgando, necesarias de una temporada o un capítulo más. Y no hay nada peor que una temporada que no se vale por sí sola. Los hilos dramáticos que cerraron en la temporada no sirven de nada si abren subconflictos igual o más importantes que el bullying y el suicidio. Muy mal ahí. Nada se cierra y se hace justicia con esta primera temporada.

Cuando me pongo a analizar una serie primero no la analizo por sus planos, ni sus actuaciones, ni la fotografía. Lo primero que veo es el conflicto principal, luego su tema. El que lleva la historia desde el capítulo uno al final. Que sea una historia potente que dé razón para llevar a cabo 13, 22, 8 o los capítulos que sean. En este caso el conflicto en bruto es muy interesante, y luego si se le suman buenas actuaciones, un tema principal potente, buena música, buen tratamiento audiovisual y buenos subconflictos, la serie va ganando puntos innegablemente. 13 Reasons Why cuenta con todo eso, pero se cae en detalles fáciles y banales, en cosas predecibles, que se podrían mejorar y hacer una serie más intensa en términos de historia. Pero creo que aquí no se buscaba una buena serie para tener en el altar, se buscaba un buen tema y una forma de contarla directa y sin tapujos. Ahí recae la capacidad de esta serie. En que los niños y padres hablen y entiendan un problema vital para los adolescentes. Si una serie pone un tema tan potente sobre la mesa y de esta forma, personalmente no tengo mucho más que criticar. Aquí no me queda otra más que aplaudir.