Confiar en una historia contada desde la perspectiva de un solo personaje implica siempre someterse al riesgo de ser manipulado, sea volviendo su atención a meros detalles, sea ignorando informaciones relevantes, capaces de cambiar su interpretación por completo. Por eso, creer en la inocencia de Grace Marks (Sarah Gadon) desde los ojos del Dr. Jordan (Edward Holcroft), sin cuestionarlo mínimamente, es dejar pasar desapercibida toda la complejidad de Alias Grace.

La miniserie retoma el debate del intrigante caso basado en un hecho real de una empleada de 16 años (Grace) condenada a muerte por el asesinato del granjero Thomas Kinnear (Paul Gross) y su ama de llaves, Nancy Montgomery (Anna Paquin), en el siglo XIX, en Canadá.

A lo largo de seis episodios, Grace cuenta su versión de la historia para el médico Simon Jordan, contratado para analizar la inestabilidad mental de la acusada y, posiblemente, comprobar su inocencia. Pero él ve en ella una oportunidad de romance. Aunque se esfuerza y cuestiona la veracidad del relato de ella, la dulzura de la joven a veces es más seductora que la racionalidad del doctor.

Y no es una excepción a la regla: todos tienen una opinión sobre Grace en la serie. Las mujeres la ve con desdén, una pecadora o incluso una aberración entre ellas. Los hombres tienen en ella un objeto de interés: una esposa/sirvienta/doncella para llamarla y atender a sus necesidades. Ellos son pseudos protectores de la indefensa dama, pero depredadores detrás de una nueva caza.

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Grace pasa por diversas etapas de su vida en la serie.

Conforme la trama avanza, a pasos lentos (a veces, demasiado lento), se percibe entonces que ésta es una historia de asesinato cuyo verdadero objetivo no es descubrir si la protagonista es culpable o no. El crimen aquí es un pretexto para mostrar cómo la mujer es constantemente interpretada por la mirada del otro, a través de adjetivos como histérica, manipulable o manipuladora, dependiendo de la situación y del interlocutor. E, incluso, las malas interpretaciones entre su mismo género.

Si no bastara la discusión del concepto “patriarcado”, más actual que nunca, la miniserie toca temas como el aborto, acoso, lucha de clases y discriminación contra el inmigrante en el desarrollo de los personajes secundarios, que de una forma u otra componen también la personalidad de Grace.

Con esta propuesta, la producción podría fácilmente caer en el campo del panfleto luchador, lleno de frases hechas y discursos épicos sobre igualdad. Pero la serie trenza la discusión junto al misterio del asesinato de forma sutil, con el propio avance de la trama, construyendo una narrativa cohesionada, pero bastante reflexiva. Parte de la razón para que esto funcione es la actriz Sarah Gadon (11.22.63), que transita muy bien por los tres “estados” del personaje, y el montaje, capaz de mantener al espectador en constante duda. Sin embargo, el gran mérito es de Sarah Polley, que adapta el libro sin intentar ser didáctica o llevar al espectador de la mano. Cada uno sacará sus propias conclusiones sobre lo que se vio.

Según Polley, actualmente vivimos en un período entre las dos novelas de Atwood, Alias Grace y El Cuento de Criada, que dio origen a la premiada serie The Handmaid’s Tale. y eso, sinceramente, no es muy alentador como sociedad.

Alias Grace es una excelente ficción que hay que mirar más allá de la historia que nos están contando.

La serie está de manera íntegra en Netflix.

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