[REVIEW] Cómo ser mejor persona con «The Good Place»

En primer lugar, vamos a decir lo que hay que decir, si es que usted todavía no sabe: The Good Place es una de las mejores series de comedia de la actualidad.

La creación del genial Michael Schur (mente detrás de los maravillosos The Office y Parks & Recreation) juega con la pregunta definitiva de la humanidad: ¿qué pasa después de la muerte? Esta respuesta ya se da en el primer minuto del episodio 1. Hay sí una próxima fase de existencia en el universo, y para aquellos que hicieron por merecer, éste parece un buen lugar para estar. Y para merecer un lugar en ese «good place», todo depende de lo que el individuo hizo durante la vida.

Muchas obras de ficción exploraron los delicados conceptos de la vida después de la muerte, pero ninguno con la ligereza y el ingenio de The Good Place. La serie no es lo que parece ser en la superficie: en sus afiches, fotos promocionales, e incluso en el desarrollo de los primeros episodios se desenvuelven una serie de eventos bizarros. Parece que estamos asistiendo a un cierto tipo de historia escapista, pero poco a poco queda claro que no tenemos toda la verdad de los hechos.

Entonces, la primera temporada termina con una revelación del tipo «¡Qué!, cómo no lo noté antes». Encaramos la segunda tanda de episodios como si supiéramos lo que está pasando. Pero todo se vuelve de cabeza de nuevo, un capítulo detrás del otro, hasta el final, tan chocante como el de la primera fase. Ahora, con la tercera temporada comenzando el viaje (a partir del 28 de septiembre, en Netflix), es como estar ante una serie completamente diferente. Una vez más.

Si aún no has visto The Good Place, haz un favor a ti mismo, maratonea todo ahora (son sólo 26 episodios de 22 minutos, o poco más de nueve horas) y vuelve a este texto más tarde. Si ya has visto, podemos continuar. Está bien, todo está bien.

the good place

Es una premisa relativamente simple, aunque con un enfoque inédito en un producto de comedia para la televisión. En un día cualquiera, Eleanor Shellstrop (Kristen Bell) muere y despierta en el «buen lugar», donde es recibida por Michael (Ted Danson), una especie de «gerente de transición». Como el nombre indica, ése es el lugar al que van las buenas personas después del fin. Todo es perfecto, posible y absurdo como en un sueño bueno, con un toque más: a cada individuo allí se le ofrece un alma gemela, lo que en tesis proporcionaría una post-existencia sublime para toda la eternidad.

Pero Eleanor se da cuenta de que no debería estar en el lugar bueno. Ella se acuerda bien de cómo su existencia en la Tierra no fue la de una persona decente, muy al contrario. Debe haber habido cierta confusión en la burocracia de la muerte. Por medio de flashbacks, somos recordados de las atrocidades dignas de una sociópata que ella cometió en vida, día tras día. Y no es porque ella murió que automáticamente se volvió buena: cada vez que Eleanor expresa su lado malo en el Good Place, cosas muy extrañas suceden, quedando más obvio de que ella fue enviada al lugar equivocado.

Al final de la primera temporada, comienza a quedar clara la buena intención de The Good Place: mostrar que existe de hecho una brújula moral que todos deberían seguir, independiente de las creencias y dogmas de cada uno. Buscar el bien no debería ser una obligación, o algo que realizamos por la recompensa al final del arco iris (aquí o en el muerte), sino algo que define nuestros propósitos como seres humanos. Las maneras como las lecciones se transmiten a cada episodio van de sutiles a abrirse, pero cada diálogo tiene una intención mayor que simplemente rendir el próximo momento cómico (los cuales, por lo demás, son abundantes y certeros, en el mejor estilo Michael Schur).

Todo puede suceder en The Good Place, y eso es lo que da más sabor a los comentarios ácidos (muy alineados con la actualidad), trucos infames y momentos absurdos en todos los niveles (citarlos en texto no harían justicia al espectáculo visual que se despliega). El mérito es del texto primordial, pero también de los personajes y de los respectivos actrices y actores que los representan. El dueño del show es el veterano Danson, impecable y conmovedor como Michael, el agente del caos desprovisto de empatía, que a duras penas aprende lo que significa ser humano y mortal, y toda la carga y belleza que eso representa. Michael experimenta lecciones, atraviesa crisis existenciales, sufre, refleja y se transforma. Y el proceso es algo increíble.

Podría decir que uno se siente una persona mejor al final de la experiencia, no sólo por acompañar de cerca las mutaciones y superaciones de esos personajes adorables. The Good Place puede ser una buena guía sobre cómo estoy conduciendo mi propia vida. Y en esos tiempos grises, en que la línea entre el bien y el mal es nebulosa y tantos dilemas éticos y morales se ponen a prueba, no hay mérito mayor para un producto de la cultura pop.

Esta es la lección que aprendí: cualquiera puede tener un lugar garantizado en The Good Place. Sólo hay que querer y hacer por merecerlo.

The Good Place está disponible en Netflix.

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