[REVIEW TEMPORADA 3] ‘The Sinner’: Pecadores conscientes que no funcionan

Esta serie hizo algo muy arriesgado: presentó una primera temporada devastadora que arrasó con todo; una historia tan bien armada, trastocada y avasalladora dramáticamente que no había más. Era eso, no podían seguir, sin embargo, renovaron para una segunda temporada justificando con que la historia sería antológica, es decir, en cada temporada habría un nuevo caso, un nuevo crimen, pero todo estaría unido por el personaje de Bill Pullman; este detective que en la primera temporada nos presentó una figura súper interesante, casi igual de atractivo que la protagonista principal y que nos dejó luces de una actitud y afición sexual muy interesante de la cual siempre quisimos saber un poco más.

Decepción fue cuando en la segunda temporada, nos centramos en un nuevo personaje principal que, si bien era bastante llamativo dramáticamente, seguíamos sin conocer mucho del detective. Una segunda temporada que funcionó, pero que estuvo lejos de su predecesora.

En esta tercera temporada ya sabíamos un poco de qué iba todo, entendimos el “modus operandi” de los guionistas, de la serie, cómo se arma y funciona: siempre hay un “mentiroso” o “pecador” y que nunca es su culpa directamente, sino, que hay una influencia detrás de este personaje. Es por eso que quizás el chiste ya no funciona, esta tercera temporada se hace tan predecible, lógica y obvia para la audiencia, que ya no hay sorpresas en ningún momento. Básicamente: pasa exactamente lo que debía pasar y eso es lo más fome que hay cuando uno se encuentra una serie.

En esta temporada quisieron que jugáramos con nuestra mente y con una filosofía distinta. De alguna forma aquí quieren que entendamos los crímenes no conociendo el pasado de los personajes, no sabiendo sus razones, sino más bien, solo a través de su filosofía. La serie justifica las acciones de los personajes con una idea nihilista detrás de ellos, la cual se basa en un planteamiento de que no hay reglas y que podemos llegar a ser un “súper hombre”; donde lo atractivo de no seguir las reglas no es romperlas, sino que vivir al límite. Encontrar ese limite de lo que está bien y mal y pasearse por ahí, a veces cruzarlo y otras veces quedarse de un lado. Pero esa sensación de tener el poder, es lo que les da vida a los personajes, les da vida a algunos, nos da vida a algunos. Quizás de alguna forma todos queremos imponer nuestras propias reglas y nos cerramos por seguir y adaptarnos a estas normas sociales, que te dicen lo que está bien y lo que está mal.

Pero si no hubiera reglas, si no hubiera limites, lo más probable es que nuestra vida sería como un capítulo de Mekano, donde todo es posible. Literalmente todo. Y ¿En verdad queremos eso?, ¿Queremos qué de alguna forma siempre todas las alternativas sean posibles? Es como cuando uno va a una heladería y tienes 200 sabores de helados para elegir, pero siempre vas a elegir chocolate o vainilla, o tu sabor favorito. Pruebas 10 sabores distintos y aun así te quedas con el que eliges siempre, con el que sabes que funciona y nadie se arriesga. ¿Quieren más espacio para seguir jugando seguro?

Esta temporada se cayó en algo fundamental para las series, que es darle un nacimiento al conflicto principal. A estos personajes algo tiene que haberles pasado, algún suceso lo suficientemente fuerte y traumático para que empiecen a creer en esto. No es como que uno se levante un día por la mañana y simplemente genere una aversión a las reglas de lo establecido y acá ese hecho no está claro, no está marcado. El problema radica en que no podemos “entender” al asesino. Es como en Mindhunter, esa otra gran serie de Netflix donde nos metemos en la cabeza de los asesinos y de alguna forma encontramos el punto donde el asesino perdió la cabeza, le generó algo y te das cuenta, hasta empatizas y piensas “el no hizo lo que hizo solo por ser malo o por tener el “gen” de la maldad”. Acá nos faltó un poco de Mindhunter.

No se justifica el actuar de nuestro personaje principal, es como si viéramos solo el tercer acto de estos. Sabemos lo que van a hacer, lo predecimos. No nos están contando nada nuevo, tenemos la idea de cómo todo va a avanzar, lo cual, lo hace súper obvio, pero no sería solo eso si de alguna forma entendiéramos la razón de sus actos.

Lamentablemente las 3 temporadas de The Sinner funcionan igual, tienen la misma cadencia, el mismo ritmo, las mismas reglas, solo cambia la historia. Y eso es lo que aburre, un amigo nos puede contar un chiste la primera vez y nos reímos, puede contarlo una segunda vez en un asado un poco borracho, perfecto, nos volvemos a reír un poco, pero si ya viene una tercera vez y nos cuenta el mismo chiste, es ahí donde uno dice “Loco, ¿otra vez con el mismo chiste?”, no me puedes contar lo mismo otra vez. Cambiaste los personajes, pero el chiste es el mismo y ya no funciona.

Si podemos rescatar algo de esta serie, es una gran frase del último capítulo:

“Hasta que lo inconsciente, no se haga consciente, seguirá controlando tu vida y dirás que es el destino. Cuanto más niegues lo que hay en tu interior más te perseguirá, como la gente que llega a tu vida en el momento justo”

Es que a veces es necesario encontrarse con la mierda en persona, para darte cuenta que tu eres igual que esa persona. Necesitas que esté enfrente tuyo para admitirlo. Negar lo que somos es lo más fácil, es lo típico, nunca queremos ser eso que nos dicen que somos; no lo vemos y estamos cegados con nuestro ego, con nuestras reglas que controlan nuestro comportamiento, o las que separan y norman “lo que está bien y está mal”. Y cuando nos encontramos a alguien que es igual de repudiable que nosotros lo alejamos, porque nos da miedo, porque nosotros nos damos miedo sabiendo que en realidad somos así: nuestro inconsciente es el único que está más consciente de cómo somos en realidad y cuanta verdad hay ahí en que eso seguirá controlando nuestra vida, aunque no lo queramos, aunque no lo veamos.

El programa que tenemos marcado en nuestro inconsciente por nuestro pasado es gigante y muy difícil de cambiar, pero no imposible. Siempre podemos ser más de lo que somos, podemos ser mejores, podemos cambiar; siempre y cuando tengamos una buena razón y dejemos de ser los pecadores conscientes que estamos acostumbrados a ser.

¿Dónde ve The Sinner?

La serie está disponible en Netflix.