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[REVIEW TEMPORADA 2] «The Boys», un arma de destrucción masiva.

Hace unas semanas, escribí en este mismo sitio que tenía mis dudas sobre la segunda temporada de The Boys. En aquella ocasión, mis impresiones tenían que ver con una partida lenta del programa, que en sus primeros tres capítulos presentaba qué había pasado en el mundo luego de los acontecimientos del primer ciclo, además de algunas cosas nuevas. Hoy, con la temporada vista en totalidad, me pego con una piedra en los dedos por haber dudado.

Como también dije en esa ocasión, el episodio 4 tenía mucha más agilidad que los anteriores. Ocurrían cosas que impactaban al mismo tiempo que empujaban la trama, y esa era solo la punta del iceberg. Todos los episodios que fueron estrenados de forma semanal cumplían con lo que caracteriza a The Boys: acción grotesca, crítica social pura y dura, y un humor que es tan negro como coherente con la historia que se te está contando y los personajes que están en ella.

En perspectiva, creo que la producción cambió la forma de estreno por esto mismo. A pesar de que sigo pensando que la pandemia fue la principal razón para el lanzamiento semanal de episodios, el cambio que hay entre los episodios 3 y 4 me hacen creer que la decisión fue más fácil de tomar. Que se lanzaran juntos los episodios más lentos, los que estaban para presentar las bases de la temporada, ayudaba a que no se extendiera demasiado la sensación de especulación.

La segunda temporada de «los cabros» tomó lo interesante de la primera y lo elevó al siguiente nivel. Y si bien decir eso sobre las series puede considerarse un cliché, también puede tratarse más de una tendencia, una característica, una forma de describir a aquellos programas que logran lo que todos esperan, pero que no siempre se alcanza.

Hablar de las escenas de acción y los efectos especiales me parece innecesario. Están ahí. Cumplen a la perfección. Así que no hay mucho que agregar. Lo que siempre me pareció más interesante de The Boys fue el contenido de su historia, los temas que se abordaban y especialmente los que se criticaban. Era eso lo que esperaba de una nueva temporada, y lo tuve con niveles más que satisfactorios.

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Con la crítica a la adoración de figuras divinas en un segundo plano, el tema principal de esta temporada tuvo que ver con el supremacismo, sus causas y sus consecuencias. Lejos de las primeras señales, que apuntaban a Homelander como el centro de la trama, a lo largo de los episodios 4, 5 y 6 descubrimos que la verdadera villana es Stormfront, una ex militante del partido nazi, esposa del mismísimo Frederick Vought, que vuelve con una nueva identidad para usar la popularidad de los super a favor de sus intereses. En este contexto, el lider de The Seven es nuevamente una marioneta, una mascota, un individuo que logra someterse ante quienes le demuestran aprecio pero a la vez lo confrontan directamente. En más de una ocasión vemos que no está totalmente convencido de lo que dice la superheroína de los rayos, pero aún así decide hacerle caso.

Lo interesante de la propuesta está en lo preocupantemente cerca que está de la realidad. Haciendo gala de una inteligencia que claramente Homelander no tiene, Stormfront apunta a las redes sociales, y especialmente a los grupos más radicales y viscerales en ellas. Sabe qué debe decir y de qué manera, tiene un equipo que la apoya en Internet y conoce a la perfección las palabras que debe utilizar en sus apariciones públicas. Sabe, en definitiva, que las cosas no han cambiado mucho desde la Segunda Guerra Mundial, y he ahí lo más preocupante.

Homelander es un estandarte de lo norteamericano, un nacionalista, pero hay una pequeña diferencia entre eso y la supremacía blanca que pregona Stormfront. En muchas ocasiones la vemos defendiendo el uso del Compuesto V, argumentando que es necesario para enfrentar a supers extranjeros, sin embargo, no es capaz de tolerar que un afroamericano como A-Train comparta equipo con ella. Al hijo de Homelander, Ryan, le dice que hay gente que los odia por su color de piel; y en el final de temporada, ya no tiene problema en decir que las personas sí creen en lo que ella dice, sólo que no les gusta la palabra «nazi».

Me parece que lo anterior se resume en una de las mejores escenas de la temporada, si es que no es de la serie completa. En el inicio del episodio 7, vemos a un joven que diariamente consume entrevistas de Stormfront y foros en los que se apoyan sus ideas. Luego de unos días de escucharla, entiende que debe desconfiar de cualquier extranjero (porque podría ser un supervillano) y termina disparando al dueño de un almacén luego de que sus ojos se iluminaran por la luz que venía desde afuera. Obviamente la víctima no se pone de pie, y Tommy, el atacante, se descompone al darse cuenta de lo que había hecho.

Si les soy honesto, luego de ver esa escena me sentí completamente satisfecho con la serie, porque es justamente eso lo que uno espera. Ver cómo los límites de lo real y lo ficticio son mínimos. Un efecto espejo en el sentido de que, al verlo fuera de nuestra «realidad», tenemos la perspectiva que permite dimensionar los alcances reales de ciertas acciones, y en este caso específico, de los discursos presentes en los medios de comunicación.

Con esa discusión como hilo conductor la serie se dedica a tirar palos, puñetazos y patadas a las producciones de superhéroes, a las corporaciones que incorporaran minorías como parte de sus campañas de marketing y a todo aquel que hace «lo correcto» por conveniencia e interés. Todo mientras disfrutamos de una narración que es rápida, intensa e interesante a gran escala.

La nueva temporada nos presentó el pasado de algunos personajes y nos mostró la evolución de otros. Algo que se hace evidente hacia el final es que se cierra un arco, un ciclo. Los eventos desencadenados en la primera temporada encuentran su punto final en esta segunda tanda, por lo que perfectamente el programa pudo haber terminado ahí. Sin embargo, sabemos de por lo menos dos regresos más, que deberán mostrarnos cómo avanza la sociedad en la que viven nuestros protagonistas.

El mundo avanza, las cosas se acomodan, y con el tiempo emergen nuevos problemas. La tercera temporada tendrá aires nuevos, eso vendrá por defecto con lo argumental, pero también tendrá el respaldo certero de dos ciclos, 16 episodios, de entretenimiento audiovisual de alto nivel. Pan y circo, pero del mejor.

La nueva temporada de The Boys fue más simple en algunas cosas, pero no por eso menos destructiva con todo lo que se interpuso en su camino. La agonía que parecía ser el estreno semanal quedó en el olvido, y cada fin de semana fue tema de conversación y principalmente, de alabanza.

En ocho capítulos, la producción de Prime Video ratificó que se puede ser irreverente, crítico y entretenido al mismo tiempo. En definitiva, mantuvo su identidad con fuerza y convicción, lo que en estos tiempos se agradece, y mucho.

¿Dónde ver The Boys?

Las dos temporadas de la serie están disponibles en Amazon Prime Video