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[REVIEW TEMPORADA 6] House of Cards: El monumental ascenso de Claire Underwood

La primera producción verdaderamente original de Netflix regresa para su sexta y última temporada, tras despedir a su protagonista por el escándalo de acoso sexual y moral. Desde ya podemos adelantar que la sexta temporada puede ser la mejor de toda la serie. La narrativa se volvió más concisa y mucho más directa, sin ningún tipo de rodeos y tramas paralelas aburridas que formaron parte de la serie en su viaje de temporadas pasadas.

A diferencia de lo que muchos detractores de la salida de Kevin Spacey afirmaron, House of Cards ya naturalmente caminaba para conferir al personaje de Robin Wright, Claire Underwood, un mayor protagonismo en la historia. El 5º año de la producción terminó con Frank exiliado de la política de Washington en un hotel con vistas lejanas a la Casa Blanca y su esposa asumiendo el cargo de comandante en jefe de la nación. La diferencia es que, por razones obvias, los guionistas necesitaban matar al presidente, que no podría estar físicamente presente en los episodios. Una solución necesaria, pero ejecutada con maestría, como se abordará más adelante.

Claire siempre fue una figura importante en el juego de cartas que llevó a Frank a la presidencia, siendo ella confidente, co-arquitecta y cómplice de las mayores maldades del personaje. La energía era de los Underwoods, no sólo de Frank, muy evidenciado por la boda de apariencias que ambos mantenían. Con Francis fuera del cuadro, Claire tiene que lidiar no sólo con su nueva función, sino también con el peso que su ex marido dejó en su extensa ficha criminal, con varios cabos sueltos, incluyendo allí a Doug Stamper y Catherine Durant, personificados en el asesinato del biógrafo Tom Yates.

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La persistente sombra de Frank Underwood

No podemos dejar de lado este tema. Kevin Spacey salió, pero Frank no. Incluso muerto, la «presencia» de Frank en la serie es patente y no fue ignorada. El ex presidente está en gran parte de las conversaciones y estrategias del gobierno de Claire en esta temporada final. Naturalmente es una serie que giraba alrededor de su cerrado núcleo, hasta el momento en que se le aparecieron nuevos personajes, los hermanos Bill (Greg Kinnear, Rake) y Anette Shephard (Diane Lane, Batman vs. Superman), dos hermanos/socios industriales con quienes Frank había celebrado un escandido acuerdo que los libraría de responsabilidad ambiental, el proyecto de ley está en la mesa de un renuente presidente Claire para ser aprobado.

Frank está muerto, como ya sabemos desde los adelanto de la temporada, pero eso no quiere decir que su historia está 100% enterrada. Aunque el personaje jamás aparezca, los guionistas parecen haber transformado esta situación en un verdadero «whodunnit?«, Género narrativo conocido por aquí por el famoso culebrón del «¿quién mató a?». Sin embargo, no es el tema principal de la temporada, siendo insertado cuidadosamente a lo largo del desarrollo de la historia y que seguramente pautará uno de los varios revueltas chocantes que esta temporada trae.

El último año de House of Cards trae frescura a la serie, que venía desanimada y con el piloto automático. Su mayor triunfo es la madurez de personajes o de la historia que los rodea. Claire exhibe rasgos de alta megalomanía y calculismo -tal cual Frank, es cierto-, pero con la ventaja de estar desprovista de vanidad y ansiedad, haciéndola aún más sorprendente, fría y amenazadora cuando quiere. Esto, incluso, ya había sido sugerido en diversos momentos en las temporadas más recientes, que aquí gana contornos aún mayores debido al cargo que ocupa y por el hecho de no tener más a Frank a su lado.

Con eso, se puede percibir que esa leva final de episodios sin Spacey acabó inadvertidamente beneficiando a la serie como un todo, que indica su fin por todo lo alto, ya que los guionistas fueron necesariamente obligados a cambiar los rumbos de la serie para acomodar horrorosas situaciones externas.

Todas las temporadas de House of Cards están disponibles en Netflix.